Otros artículos
Ago 3, 2006
Adolfo Gutiérrez

La terquedad de la reforma fiscal

El problema estructural que enfrenta el país en el orden fiscal no es el de la insuficiencia de ingresos tributarios. Esto es algo que debe tener siempre presente el equipo económico del próximo Presidente si no desea que la nueva propuesta de reforma fiscal corra con la misma suerte que la pasada.

El problema estructural que enfrenta el país en el orden fiscal no es el de la insuficiencia de ingresos tributarios. Quizás ése sea el principal problema del gobierno; pero no del país. Porque México no es sólo su gobierno. México es su gobierno y sus gobernados. Esto es algo que no debe perder de vista el equipo económico de la próxima administración si no desea que la nueva propuesta de reforma fiscal corra con la misma suerte que la pasada. Si no se tiene claro cuál es el problema estructural tampoco se tendrán claros los beneficios de apoyar una solución estructural.

 

Pensar que el problema está en que los ingresos tributarios no alcanzan da lugar a que la solución posible sea obvia: incrementar los impuestos. Parece mentira, pero de verdad así lo piensan varios de nuestros gobernantes: “la reforma fiscal es para incrementar los ingresos tributarios del gobierno”, dicen.

 

Mientras sigan pensando que la reforma fiscal es para incrementar los ingresos, léase más impuestos, nuestro pronóstico es que los cambios que se lleven a cabo fracasarán, tanto para aumentar los recursos públicos como para atacar de lleno el verdadero problema.

 

Hay que entenderlo de una vez por todas: el problema fundamental de México en el orden fiscal es que la relación gobernantes-gobernados no posibilita un ambiente favorable al crecimiento económico. Incrementar los ingresos públicos es un mal planteamiento de la reforma fiscal porque es ver sólo la conveniencia de los gobernantes. Y la otra parte, la gran olvidada pero la más trascendente tiene que ver con los segundos: los gobernados.

 

México necesita una reforma fiscal porque el actual sistema tributario está plagado de injusticias, mismas que repercuten negativamente en la creación de riqueza. Exenciones impositivas, tasas diferenciadas, deducciones innecesarias, subsidios y créditos populistas, infinidad de gravámenes, regímenes privilegiados, actividades “prioritarias”, una base precaria de contribuyentes y una absoluta opacidad reinante respecto al pago de impuestos, han limitado las oportunidades de inversión, ahorro y empleo para la mayoría de los mexicanos quienes además han tenido que pagar la factura mediante una desigualdad tremendamente injusta. Los efectos han sido perversos: altísima carga fiscal, mínima recaudación impositiva, corrupción, distorsión de los procesos de mercado, alto costo de fiscalización, piratería, actividad informal, nulo crecimiento económico y mucho más. El objetivo de la reforma fiscal debe ser ése; acabar con toda la iniquidad hacendística. Un arreglo impositivo como el actual, tan mal diseñado, nos ha costado a los mexicanos mucho en términos de competitividad y bienestar. Nos ha mantenido en el atraso.

 

Pagar impuestos en México resulta complicado, costoso e injusto. Nuestra estructura impositiva actual es complicada de entender para el contribuyente ordinario. A los mexicanos nos cuesta una fortuna cumplir con nuestras obligaciones fiscales (además de que los que pagamos impuestos terminamos cargando con casi todo el peso de la carga tributaria, tenemos que pagarle a todo un ejército de contadores, abogados y especialistas fiscales para librarla). A la economía le cuesta miles de millones de pesos en recursos desperdiciados (estos especialistas podrían dedicarse a actividades productivas). Es la responsable de generar una evasión fiscal de miles de millones de pesos. Incentiva a los grupos de poder a buscar privilegios con los congresistas en vez de ganarse la vida honradamente. Para colmo de males, dada la enorme cantidad de privilegios y exenciones, ocasiona que sólo el 20% de la población de mayores ingresos pague el 85% de la factura impositiva total.

 

Una propuesta de reforma fiscal exitosa tiene que partir desde la óptica del contribuyente, que es quien pone el dinero. En otras palabras, los reformadores deben mostrar los beneficios para la gente si desean conseguir el apoyo de la sociedad.

 

El sistema tributario debe transformarse en uno más sencillo, justo y menos costoso. Para ello se requieren impuestos bajos y parejos para todos. De ser posible, un único impuesto. Hablaremos de ello en una próxima colaboración.



Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
Entrar
Encuesta de la semana
Durante el 1T de 2020 el PIB se contrajo -2.2 % en comparación anual y -1.2% vs trimestre anterior, esto antes de la crisis por el COVID-19. Con esto son 4 trimestres consecutivos con caída, ¿cuándo volveremos a observar crecimiento económico en México?
Artículos recientes...
Manuel Suárez Mier
• ¿Qué sigue a la crisis económica?
Arturo Damm
• El reto
Rodrigo Hernández
• Analfabetismo económico mexicano
Arturo Damm
• Ackerman, ¿victimario?
Ricardo Valenzuela
• La economía cósmica
Arturo Damm
• Decrecimiento, preocupante