MARTES, 15 DE AGOSTO DE 2006
Empresarios opuestos al capitalismo

¿Usted considera que la propuesta de otorgar una renta de 10 mil pesos al año a cada ciudadano es una buena idea para erradicar la pobreza?
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“La inflación no es una catástrofe de la naturaleza ni una enfermedad. La inflación es una política.”
Ludwig von Mises

Carlos Ball









“La doctrina de “responsabilidad social” implica aceptar la visión socialista de que la mejor manera de determinar la utilización de recursos escasos es a través de decisiones políticas, no de la oferta y la demanda en el libre mercado.”


Miami (AIPE)- La Federación Venezolana de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción (Fedecámaras), cúpula del empresariado venezolano, presenta a menudo conferencias sobre “la responsabilidad social de la empresa”. Me pregunto, ¿qué esperanza hay para un país donde los líderes empresariales –salvo honrosas excepciones- se sienten tan inseguros de las ventajas del capitalismo que tratan de esconder sus supuestas fallas con ficciones y engaños?

 

Desde luego que no se trata de un mal exclusivamente venezolano. Los tres hombres más ricos del mundo son Bill Gates, Warren Buffet y Carlos Slim. El primero anunció hace poco que dejará muchas de sus funciones en Microsoft para dedicarse a “devolverle a la sociedad”, como si él nos hubiese robado algo, en lugar de lo mucho que a todos nos aportó con su brillante trabajo creativo. Buffet declara frecuentemente su oposición a que se elimine el impuesto sobre sucesiones, el impuesto a la muerte, ley que destruye más empresas medianas y pequeñas en Estados Unidos que cualquier otra cosa. Y Carlos Slim hizo su fortuna a lo macho mexicano: gracias a sus amigos en el gobierno.    

 

La más clara y lúcida exposición del tema nos la dio Milton Friedman en un artículo publicado en la revista dominical del New York Times, el 13 de septiembre de 1970, bajo el título “La responsabilidad social de la empresa es aumentar las ganancias”. Esto le suena horrible a los socialistas y también a aquellos que son socialistas sin saberlo. Friedman decía que eso le recordaba el cuento del francés que, por fin, a los 70 años se dio cuenta que había estado hablando en prosa toda su vida.

 

Las compañías son entes artificiales, por lo tanto la responsabilidad no yace en ellas sino en sus ejecutivos, quienes representan los intereses de los accionistas. Estos ejecutivos son empleados de los dueños y tienen la obligación de defender sus intereses, lo cual generalmente significa obtener el máximo rendimiento y utilidades, dentro de la ética y el cumplimiento de las reglas.

 

En algunos casos, la empresa puede ser un hospital o una universidad y entonces el objetivo principal puede ser otro que maximizar la rentabilidad. Pero el término “responsabilidad social” se utiliza para fomentar que los ejecutivos dejen de aumentar un precio, aunque ello beneficiaría a la empresa, o procedan a emplear gente que no consigue trabajo en otra parte, para reducir la pobreza, en lugar de obreros experimentados y competentes que mejorarán la productividad de sus fábricas. En cada uno de esos casos, el ejecutivo está utilizando dinero que no le pertenece porque de esa manera reduce los dividendos y usa dinero de los accionistas, o tiene que aumentar los precios y entonces eso lo pagan los consumidores, o tiene que eliminar los aumentos de sueldos y eso lo pagan sus empleados.

 

Todo ello equivale a hacer caridad con dinero ajeno e imponer un impuesto adicional a los dueños, a los clientes o a los empleados de la empresa. Por lo tanto, la doctrina de “responsabilidad social” implica aceptar la visión socialista de que la mejor manera de determinar la utilización de recursos escasos es a través de decisiones políticas, no de la oferta y la demanda en el libre mercado. Eso destruye la función clave de los precios en aportar la información que hace posible la creación de riqueza y bienestar, empujándonos hacia la escasez y la miseria de los “precios justos” del socialismo cubano de los años 60 o chavista del siglo XXI.

 

___* Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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