VIERNES, 25 DE AGOSTO DE 2006
Verdades por decreto

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“Las verdades de López Obrador se han convertido en verdades por decreto: no se puede concebir una circunstancia donde resulten falsas.”


La petición de principio es una de las falacias más básicas, y más evidentes, en el estudio de la lógica. El error consiste en suponer lo que se debe comprobar—en dar por un hecho lo que, en realidad, está en disputa. Hay casos obvios de petición de principio, así como menos obvios. El debate político, por desgracia, está lleno de estos errores.

 

Sin embargo, para ello existe el diálogo—literalmente, el proceso de conversación civilizada, abierta, donde por medio de un intercambio de ideas, de dialéctica, se puede ir mejorando una tesis, una proposición, una idea. Hay doctrinas, o posiciones, que en forma muy lamentablemente buscan cerrar la conversación, proclamar un fin a la historia, y hasta sustituir el conflicto por la razón. Esa es la esencia de una sociedad cerrada, autoritaria por definición: la verdad como producto del decreto de un amo de la verdad, no como proceso de ensayo y error, basado en principios fundamentales de la lógica común, de un diálogo formado e informado.

 

La petición de principio, llevado hasta sus últimas consecuencias, implica dar lugar a la violencia sobre la verdad—implica tesis como transformar la país, en todos sentidos, en las calles, por medio de una revolución. En esa circunstancia, la misma que se vive en el discurso radical postelectoral de López Obrador, la evidencia no vale, la razón tampoco, por no decir todos los votos, incluyendo los quince millones que apoyaron su candidatura presidencial.

 

Si hubiera ganado las elecciones, el candidato presidencial López Obrador hubiera sido primer ejecutivo. Si no ganó, como parece ser el caso, entonces se requiere toda una transformación radical para refundar la república, donde él sea presidente de la misma. Si el tribunal electoral se decide por el recuento total, pero aun así gana la oposición, entonces él ya declaró, lo desconocerá. Incluso, ya enunció: yo soy el presidente, por la voluntad popular. Esto es un caso dramático, para futuros ejemplos en los textos de lógica básica, de suponer lo que se está en disputa, de lo que se debe comprobar: la petición de principio para la historia. La verdad por decreto, por la fuerza, porque así dice la fuente de toda la verdad.

 

El caso se da en la gran mayoría de afirmaciones radicales, en la retórica del nuevo discurso amloista: sólo si se reconoce mi triunfo habrá democracia verdadera; si no gané, es que hubo fraude, a la antigüita o cibernético; todas las encuestas pre-electorales estaban maquilladas, excepto aquella (misteriosa) encuesta que me daba ventaja por diez puntos; si no votaste por mi, no votaste por el bien de todos, por los pobres, por la nobleza, y eres parte del complot neo-liberal; si estás conmigo, eres genuino, pero si me criticas, eres de la derecha (definida, en otra tremenda petición de principio, como todo aquello que está en contra del bien de todos, de los pobres, del proyecto alternativo de nación, de este, su sentido muy particular, de la justicia—y ahora del llamado a una revolución en las calles).

 

El diálogo, la conversación, en proceso de buscar la verdad, depende de evidencia, de principios de lógica, de ensayo y error, de conjeturas y refutaciones. Depende, como decía el gran filósofo Karl Popper, de ser científicos, de imaginarnos circunstancias donde nuestras tesis pudieran resultar falsas. Este, el principio de falseabilidad, aborrece las tesis más espectaculares que proclaman el fin de la historia, el fin de la conversación, el fin, o la transformación radical, de la realidad social.

 

Las verdades de López Obrador se han convertido en verdades por decreto, donde no se puede concebir una circunstancia donde resulten falsas. Ante la petición de principio no puede existir argumento, con o sin voto por voto, con o sin desfile, con o sin procesos, con o sin leyes e instituciones. Esa es, pues, la esencia de una sociedad cerrada—aquella que sustituye la violencia, las calles, los levantamientos y plantones, y el cambio por vía de la revolución, de la confrontación, por la búsqueda civilizada, racional, procesal, de la verdad.


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