Ideas al vuelo
Ago 30, 2006
Ricardo Medina

Los pobres y la “tranquilidad de conciencia”

Para algunos católicos latinoamericanos, malformados por vagas nociones de marxismo recalentado, votar por “la izquierda” tranquiliza tanto la conciencia como dar una generosa limosna, el domingo en la iglesia.

Diversos amigos latinoamericanos de mi generación vivieron la misma experiencia que yo: Fuimos indoctrinados con nociones de marxismo recalentado y de mala economía porque se suponía que ésa, y no otra, era la “conciencia social” que debía dársenos, en escuelas y universidades “católicas”, después de la clase de catecismo.

 

Cuenta el periodista venezolano Carlos Ball, refiriéndose a la ejemplar cruzada a favor de la libertad que emprendió su amigo y colega Nicomedes Zuloaga, recientemente fallecido, que este brillante periodista pronosticaba a principios de los años 60 que tras el programa electoral de los social cristianos del Partido Copei aguardaba a los venezolanos el siguiente futuro: “La hoz, el martillo y la cruz; pero no la cruz que cargó Cristo para redimirnos a todos, sino la cruz de la miseria y la frustración”.

 

Profecía cumplida.

 

Hoy en México no deja de causar asombro cuántas “buenas conciencias” le apostaron en las recientes elecciones a una presunta “izquierda” como forma vicaria para mostrar su generosidad, su “conciencia social” y su preocupación por los “pobrecitos pobres”, sin tener que sacrificar su bienestar, ni su conducta diaria en los negocios o en sociedad. Es una sorpresa similar a la de constatar que algunos de los más destacados políticos de “izquierda” en México son clientes consuetudinarios de las portadas y los reportajes de las revistas que narran vida y milagros de las celebridades adineradas, como “Caras” o “Quién”.

 

En una prestigiada universidad dirigida por los jesuitas en México se enseñaba –no sé si lo sigan haciendo- que la mejor forma de entender el papel social de los medios de comunicación era leer con devoción ¡la introducción a la crítica de la economía política de Karl Marx! Los modernizados profesores, muchos de ellos jesuitas, recetaban los “Cuadernos de la Cárcel” del comunista Antonio Gramsci como respuesta a las inquietudes sociales de los estudiantes privilegiados.

 

Algo similar, presumo, a lo que contaba el periodista francés André Frossard sobre las costumbres electorales de algunos ricos judíos en Francia en el tiempo de entre-guerras: votaban invariablemente por las izquierdas para tranquilizar su conciencia, con el mismo fervor rutinario con que guardaban el sábado.

 

La reciente campaña electoral en México, y las secuelas que vivimos, están llenas de ejemplos similares: Desde el arzobispo que lamenta que su “amigo” el otrora candidato de la izquierda le envié alborotadores a sus misas dominicales, hasta la señora para quien votar por Andrés López fue el equivalente a darle un generoso aguinaldo a “las muchachas del servicio”.

 

En México es muy bajo, en comparación con Estados Unidos por ejemplo, el número de fundaciones altruistas en relación al tamaño de la economía, pero eso sí, estoy cierto, tenemos adinerados de “izquierda” para dar y prestar, que salpican con agua bendita su marxismo recalentado.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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