DOMINGO, 23 DE OCTUBRE DE 2005
El IMSS y los fueros

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“¿Debemos estar agradecidos con el gobierno y con el STSS o con el resto de los sindicatos que anunciaron su apoyo a la huelga, por no haber causado el desastre?”


Las escenas de dramatismo vividas en las últimas semanas como resultado del emplazamiento a huelga del Sindicato de Trabajadores del Seguro Social (STSS), fueron solamente un esbozo de la catástrofe que hubiera significado una huelga en el Instituto. Este hecho pudo haber dejado sin atención médica a la mitad de la población de país, en medio de la tragedia de los huracanes y al inicio de la temporada de enfermedades respiratorias. Pero ¿debemos estar los mexicanos, derechohabientes o no, agradecidos con el gobierno y con el STSS o con el resto de los sindicatos que anunciaron su apoyo a la huelga, por no haber causado el desastre?

 

La única respuesta es no, las dos partes, sindicato y gobierno (congreso y poder judicial incluidos), mostraron que no están dispuestos a ver por el bien del país y que no están dispuestos a negociar nada, se trata de mi visión o la tuya, como parece ser todo asunto político en el país. Pero se obtuvo una negociación, que no convenció a nadie, pero que era la única alternativa frente a una crisis social. Pero que no resuelve el problema, resulta que por defender los derechos de 370 mil trabajadores activos y 131 mil pensionados, se valía lesionar los derechos de 43 millones de derechohabientes.

 

Pero lo que defiende el STSS no son las grandes ventajas que tienen sus empleados y pensionados, frente a las magras prestaciones que tienen los pensionados por el IMSS. Para muestra, un pensionado recibe un promedio de 40% de su último salario, un trabajador del STSS recibe el 134%, la pensión promedio de los 2.5 millones de pensionados es de 2,000 pesos mensuales, frente a los 17,100 de un pensionado del STSS y que cuestan 26,900 millones de pesos, más que el gasto de medicamentos y material de curación para los derechohabientes. Aquellos se jubilan a los 65 años y los otros a lo 53. En general los afiliados al STSS trabajan pocas horas, tiene más prestaciones que los derechohabientes a los que atienden, reciben más vacaciones, tiene derecho a cosas que nos parecerían desorbitas o verdaderas gangas. Es así como estas ventajas se transforman en un estado especial, fuero, y por ello es que se transforman en un negocio, para beneficio de uno pocos, beneficio que le costó al país 41,000, millones de pesos en los últimos 4 años, que es el déficit del IMSS, tos esto por los costos de la pensiones delos trabajadores del STSS y que de todas formas no seguirán costando 405 mil millones en los próximos años que es el pasivo laboral del IMSS.

 

Entonces es claro que este dinero, que no existe y que tiene que venir de las arcas públicas, tiene dueños y que alguien ha estado cobrando y recibiendo ganancias hoy por los beneficios futuros de los afiliados al STSS. Para nadie es noticia la venta de plazas y por tanto de fueros en muchos sindicatos del país. Sobre todo aquellos que tienen estos beneficios, fueros, y que operan como empresas mercantilistas al más puro estilo del siglo XVII.

 

Sindicatos como el Mexicano de Electricistas, el de Telmex, los de las líneas aéreas, los de IMSS, el ISSSTE, entre otros son los que han protagonizado los más fieros combates laborales de los últimos años, desquiciando ciudades por sus plantones, dejando sin servicio a los clientes o derechohabientes o protestando contra cualquier reforma que vea lesionados sus fueros en beneficio del resto de los mexicanos. Así asistimos a las protestas contra la reforma eléctrica y energética, a la de IMSS, que hoy deja de lado lo que acordaron los legisladores e impone de ipso otro régimen intermedio, la de las afores u otra tantas que ponían en riesgo los pingües beneficios que obtienen los líderes con la venta de plazas y pensiones.

 

Es así como asistimos al vacío de reformas donde siguen imperando los intereses particulares, una vez empresariales otra vez políticos y otras sindicales. Pero nos queda claro que este no el camino para incrementar la competitividad del país, ni para reducir las presiones de gasto. Es sólo el camino del atraso, de un país que quiere vivir en el siglo XII con las mismas reglas que vivió como colonia en el siglo XVII.


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