Interamérica hoy
Sep 12, 2006
Juan Pablo Roiz

La sorda lucha contra los privilegios en México

Don Felipe no debe ceder a las presiones de quienes le exigen hacer suyas las propuestas populistas de López Obrador. Por el contrario, nada mejor para Calderón, y para el país, que el próximo Presidente mexicano emprenda de veras la lucha contra los privilegios de mercado.

Ciudad de México (AIPE)- Durante la reciente campaña electoral por la Presidencia de México, el candidato perdedor –apenas por una fracción de punto decimal o unos 250 mil votos- Andrés Manuel López Obrador, solía despotricar contra los privilegios y los privilegiados que, según él, se han beneficiado de tratamientos especiales por parte de los gobiernos recientes en México. Las diatribas de López contra los gobiernos “neoliberales” que privilegiaron –según él- a los empresarios, incluían, desde luego, al actual gobierno de Vicente Fox, quien dejará el cargo el próximo 30 de noviembre.

 

Para los enterados de lo que sucede en los mercados financieros y del entramado de los negocios de las grandes corporaciones en México, estas prédicas encendidas de López Obrador contra los privilegios resultan, por decir lo menos, huecas y contradictorias ya que al menos dos de los magnates mexicanos que luchan a brazo partido, con buenas y malas artes, por conservar sus privilegios de mercado –Carlos Slim Helú y Ricardo Salinas Pliego- fueron más o menos abiertos promotores y simpatizantes de la enfebrecida carrera de López Obrador en pos de la Presidencia.

 

Por ello un documentado artículo que publicó el viernes Mary Anastasia O’Grady en The Wall Street Journal conminando al próximo Presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, a no ceder ante las presiones que llevan a cabo Slim y Salinas Pliego, cada cual defendiendo sus privilegios, se recibió en México como la confirmación exterior de que, en paralelo a la enconada contienda por la Presidencia (ya resuelta en definitiva a favor de Calderón), se ha desarrollado una sorda lucha entre algunos funcionarios del gobierno de Fox y este par de magnates que defienden sus privilegios y que, en su momento, alentaron al ahora perdedor candidato de la izquierda: López Obrador.  

 

Slim, por ejemplo, estableció una provechosa relación con López cuando éste empezó, hace casi seis años, su mandato como Jefe de Gobierno (Alcalde) de la capital mexicana. A cambio de invertir en la remodelación y remozamiento de varias calles y edificios históricos del centro de la ciudad, obra que López Obrador publicitó ampliamente en los medios de comunicación, el hombre más rico de México, Slim, obtuvo una nada despreciable plusvalía para algunas de sus propiedades inmobiliarias en la misma zona. Más tarde, sin embargo, conforme López avanzaba más en su frenética carrera por la Presidencia y revelaba más de sus propuestas populistas, Slim marcó sutilmente cierta distancia con el político.

 

Menos discreto ha sido Salinas Pliego. Dueño de la segunda cadena de televisión de México, Televisión Azteca, de la telefónica Unefon, así como de la cadena de tiendas Elektra (que vende electrodomésticos a crédito en zonas urbanas populosas) y de un nuevo banco que atiende también al segmento de los pobres urbanos, Salinas Pliego vendió al candidato López Obrador la transmisión diaria –de lunes a viernes- de un programa de propaganda matutino de media hora de duración, a una tarifa (al menos oficialmente)  irrisoriamente baja. Los noticiarios y programas informativos de la cadena televisora de Salinas (dos canales de televisión abierta con cobertura nacional), por su parte, dieron amplia exposición a las diarias “conferencias de prensa” de López mientras éste fue Alcalde, al tiempo que uno de los más fervientes simpatizantes de López, el periodista Ricardo Rocha, también productor de los programas de propaganda de López, iniciaba en la misma televisora de Salinas Pliego un programa nocturno de política y variedades en el que, por supuesto, se dio tratamiento preferencial y hasta obsequioso a López ya siendo candidato.

 

Ambos, Slim y Salinas Pliego, ya se han deslindado, de una u otra forma, de López, una vez que éste ha radicalizado sus alegatos como víctima de un fantasioso “fraude electoral”, poniéndose al margen de la ley y de las instituciones del país (a las que, literalmente, mandó “al diablo”) y que ha convocado a formar un gobierno paralelo en rebeldía, encabezado por él desde luego, desconociendo el fallo último del Tribunal Electoral.

 

Pero la lucha por los privilegios sigue, tanto al interior del gobierno actual como en el terreno de las presiones al próximo Presidente. Por lo pronto, el prestigiado Secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, se ha opuesto abiertamente a su compañero de gabinete, el Secretario de Comunicaciones, Pedro Cerisola, que pretende otorgar al poderoso consorcio telefónico de Slim, Telmex, (durante años un monopolio privado y hoy actor dominante en el mercado telefónico) la concesión para incursionar en el negocio de la televisión aprovechando que Telmex posee toda la red telefónica de México (el resto de las empresas telefónicas en México deben pagar a Telmex “derechos de interconexión” para acceder a la red), sin pagar al gobierno mexicano por esa nueva concesión, lo que convertiría a Telmex, en automático, también en el competidor con ventajas dominantes en el mercado de televisión restringida. Todo ello, a pesar de que el título de concesión original –cuando Slim adquirió la telefónica del gobierno durante el mandato de Carlos Salinas de Gortari- prohibía expresamente que Telmex usara su red para transmitir señales de televisión.

 

Y es el mismo Gil Díaz, promotor de la nueva Ley del Mercado de Valores –reconocida por el Banco Mundial, en su último informe Doing Business 2007 como el factor que hizo que México ocupase el tercer mejor lugar en el mundo como país reformador- quien tuvo que enfrentar una feroz oposición  a esa nueva ley de parte de Salinas Pliego; quien es famoso en los mercados bursátiles de Estados Unidos y México por haber realizado en 2003 una sospechosa operación de compra de deuda a descuento de su telefónica, Unefon, que más tarde vendió a valor nominal a la propia empresa, embolsándose, él y su socio en la operación, poco más de cien millones de dólares cada uno; acusado por la SEC en Estados Unidos, Salinas Pliego ya llegó a un acuerdo económico con la agencia reguladora del mercado de valores estadounidense, pero se dice que aún tiene pendientes acusaciones judiciales en México por uso indebido de información privilegiada.

 

Cuando hace un par de semanas entró en vigor esta nueva ley, Salinas Pliego emprendió sendos juicios de amparo en contra de varios artículos de la misma. Aunque parece poco probable que gane esa batalla judicial, para no ceñirse a las nuevas reglas del mercado que crean, entre otros, comités de auditoría en las empresas a cargo de los accionistas minoritarios, los juicios son un magnífico pretexto para minar la credibilidad de la nueva ley ante la opinión pública.

 

Por todo esto, suenan muy oportunas las advertencias de O’Grady al próximo Presidente de México. Don Felipe (como le llama al joven Presidente electo la aguda periodista estadounidense) no debe ceder a las presiones de quienes le exigen hacer suyas las propuestas populistas de López Obrador. Por el contrario, nada mejor para Calderón, y para el país, que el próximo Presidente mexicano emprenda de veras la lucha contra los privilegios de mercado que defienden a brazo partido, entre otros, dos magnates, buenos viejos amigos, o ex amigos, de López  Obrador.

 

___* Periodista mexicano y analista de mercados financieros.

© www.aipenet.com

 



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