MARTES, 12 DE DICIEMBRE DE 2006
Acciones y no palabras

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“Las descalificaciones verbales de los legisladores no se han traducido en una parálisis a las decisiones que debe tomar el Congreso.”


No juzguemos a los legisladores por sus palabras, porque seguramente tendremos la impresión de que nuestro país no es gobernable. Consideremos más bien sus acciones y quizá la idea que obtendremos será muy distinta.

 

Desde que empezó la actual legislatura, el pasado 1 de septiembre, los mexicanos nos hemos quedado con la imagen de que los diputados y los senadores de los distintos partidos políticos simplemente no tienen capacidad para dialogar y llegar a acuerdos. Ese día que comenzó la legislatura, los senadores y diputados del PRD tomaron la tribuna del Palacio Legislativo e impidieron que el entonces presidente Vicente Fox pudiera dar su mensaje desde ese lugar.

 

En los días previos a la toma de protesta del nuevo presidente, Felipe Calderón, y el mismo día en que ésta finalmente se llevó a cabo, los diputados del PRD y del PAN se liaron a golpes y empujones como consecuencia del intento de los perredistas por impedir la toma de protesta que ordena el artículo 87 de la Constitución. En los días subsecuentes ha habido constantes enfrentamientos verbales entre los legisladores del PRI y del PRD, que han exigido la renuncia del panista Jorge Zermeño del cargo de presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, y los panistas.

 

Pero la belicosidad del lenguaje no debe hacernos perder de vista que en lo que realmente vale, en los hechos, se han registrado los acuerdos mínimos para hacer que las cosas funcionen. En noviembre, por ejemplo, los senadores de los tres principales partidos –sí, incluyendo a los del PRD— estuvieron de acuerdo en nombrar a los seis nuevos magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, a pesar de la aparente oposición de Andrés Manuel López Obrador. Esta decisión es muy importante porque le da legitimidad a ese sistema electoral del país que López Obrador tanto ha cuestionado.

 

De la misma manera, el 1 de diciembre, a pesar de las declaraciones de los priístas de que la sesión debía cambiarse de sede o de que el ex presidente Vicente Fox no debía asistir, los diputados y senadores del PRI entraron al salón de plenos de la Cámara de Diputados y permitieron el quórum que hizo posible que Felipe Calderón tomara formalmente protesta como presidente de México.

 

Esta disposición a llegar a acuerdos se ha manifestado también en el presidente Calderón. Tan pronto como el nuevo jefe de gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, nombró a su procurador de justicia y a su secretario de seguridad pública, el presidente Calderón los ratificó sin chistar. Había en ello una señal a Ebrard y a los perredistas de que está dispuesto a colaborar con ellos y dejarles los espacios necesarios para operar.

 

Los perredistas en el Senado no pagaron con la misma moneda al gobierno de Calderón ya que votaron en contra de la ratificación de Eduardo Medina Mora como procurador general de la república y de los secretarios y subsecretarios de Hacienda que por ley deben ser aprobados por el Senado. Pero a pesar del voto en contra de los perredistas, los priístas y los verdes dieron el respaldo que permitió la ratificación de todos estos funcionarios.

 

La conclusión está ahí para quien quiera verla. Por lo menos hasta ahora -y hay que reconocer que la batalla por el presupuesto del 2007 puede ser mucho más complicada— las descalificaciones verbales de los legisladores no se han traducido en una parálisis a las decisiones que debe tomar el Congreso.


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