LUNES, 18 DE DICIEMBRE DE 2006
Borrón y cuenta nueva

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Roberto Salinas







“Un sistema fiscal basado en el impuesto único equivale a un verdadero “borrón y cuenta nueva” con el laberinto tributario que el país ha heredado de un pasado fiscal caracterizado por privilegios, evasión, complejidad, baja tributación y corrupción.”


Uno de los compromisos de campaña más importantes de Felipe Calderón fue la propuesta de implementar un sistema fiscal basado en el impuesto único. Esta alternativa equivale a un verdadero “borrón y cuenta nueva” con el laberinto tributario que el país ha heredado de un pasado fiscal caracterizado por privilegios, evasión, complejidad, baja tributación y corrupción.

 

En términos generales, un sistema de impuesto único gravaría el ingreso y gravaría el consumo… y nada más. Todos los impuestos especiales y las tasas adicionales (con la posible excepción de los impuestos ecológicos o los de salud, como el impuesto al tabaco) se eliminarían. Empero, todos los tratamientos especiales (con la posible excepción de una exención para las familias mas necesitadas) también se eliminarían. Absolutamente todos: las exenciones, las deducciones, las compensaciones, los regímenes preferenciales o tasas diferenciadas, los subsidios fiscales, los créditos, los incentivos—todo ese vasto universo de parches que ha generado la necesidad de contratar a ejércitos de contadores, abogados y fiscalistas para cumplir con la ley sin tener que cumplir con la obligación tributaria.

 

En un estupendo estudio sobre la materia, Adolfo Gutiérrez Chávez nos comparte tres condiciones para que el impuesto único genere efectos positivos en la economía. Por un lado, debe ser simple, es decir, fácil de entender, fácil de pagar. Gran parte de nuestro problema es que, aun aquellos personajes que derivan placer de pagar sus impuestos, no lo pueden hacer, por la complejidad del laberinto tributario mexicano. Además, preferencias y tratamientos especiales invitan a los contribuyentes a buscar hoyos, huecos, salidas, con tal de no pagar, a veces evitando, a veces evadiendo.

 

Por otro lado, la tasa del impuesto debe ser baja, menor a la tasa total de impuestos que paga la sociedad bajo la estructura impositiva vigente. Las tasas altas reducen la base tributaria, ya que los agentes tienden ver un mayor costo de oportunidad en cumplir que en evadir. El resultado final es una distorsión generalizada en el sistema de productividad. En palabras políticamente correctas: la forma más efectiva de incrementar la progresividad, y recaudar más de los ricos, es bajar la tasa marginal de impuesto.

 

Una última condición para un borrón y cuenta nueva exitosa es que, en un marco de impuesto único, la tasa del impuesto debe ser la misma para todos, independientemente de su ingreso; es decir, la tasa marginal debe ser igual a la tasa general. Una tasa “única” mantiene la equidad horizontal, mientras que para cumplir con la llamada equidad vertical se puede introducir un monto exento, igual para todos los agentes. Ello permite otorgar la famosa “progresividad” al nuevo sistema fiscal, ya que propicia una incidencia creciente en la medida que aumenta el nivel de ingreso.

 

Ahora bien, en el documento aludido, el autor se pregunta: ¿cuál debe ser la tasa del impuesto único? Todo depende de los objetivos. Pero el objetivo de un impuesto único no es elevar la recaudación (aunque sí la eleva), sino eficientar y hacer más competitivo el sistema fiscal. Por ello, la tasa única debe ser equivalente a la tasa que permita el mismo nivel de recaudación actual. Esa tasa, según este análisis, es de 22%.

 

Esta es una propuesta mucho más competitiva que el esquema de tasas vigentes, pero la tasa es todavía demasiado alta en comparación a nuestros principales competidores en el actual universo de regímenes de inversión. Pero incluso a esa tasa marginal, este tipo de borrón y cuenta nueva fiscal daría un formidable aliento económico a las perspectivas de crecimiento del país.


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