MARTES, 6 DE FEBRERO DE 2007
Azúcar: Muestrario de prácticas proteccionistas

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No



“Si imprimir dinero ayudase a la economía, falsificar moneda debería ser legal.”
Brian Wesbury

Ricardo Medina







“Subsidios a los productores, tarifas y cuotas de importación, compras forozosas con recursos públicos de los excedentes a precios muy superiores a los del mercado, impuestos federales y locales… Nombre una práctica proteccionista en contra del libre comercio y seguramente algún país la aplica en el caso del azúcar.”


Más del 90 por ciento del azúcar producida en el mundo se vende muy por encima del precio internacional, la mayoría de los años. En el mejor de los casos, no más del 15 por ciento de la producción mundial llega a comerciarse libremente.

 

Los mecanismos de protección a los productores de azúcar van desde los más rudimentarios y abusivos hasta los más complicados e hipócritas. En algunos países, como Estados Unidos, el “lobby” azucarero -Big Sugar- controla las comisiones de agricultura de las cámaras legislativas así como a la inmensa y costosa burocracia del Departamento de Agricultura, mientras que en otros, como México, el mecanismo de cooptación de legisladores por parte de los productores de azúcar es más “transparente”: Los productores tienen asegurados sus escaños en las cámaras, principalmente a través del PRI; constituyen el equivalente a varios distritos electorales, cuyos candidatos tienen asegurado el pase automático al Congreso.

 

En esta materia vergonozosa –el proteccionismo más descarnado a favor de los productores de azúcar y en detrimento de los consumidores– México tiene el “honor” de compartir los primeros lugares con los países desarrollados: El campeón proteccionista es Japón (donde los precios internos han llegado a estar 400 por ciento por encima del precio internacional), la Unión Europea, Estados Unidos, México e Indonesia, en ese orden.

 

Sólo tres países productores y exportadores de azúcar tienen bajos o nulos niveles de proteccionismo comercial: Brasil, Australia y Cuba (una vez que se derrumbó la Unión Soviética y terminaron las ventas forzosas al bloque soviético), y producen alrededor del 17 por ciento del volumen mundial de endulzantes nutritivos. Y entre los consumidores e importadores de azúcar sólo unos cuantos países juegan “limpio” –sin prácticas proteccionistas– como Hong Kong, Singapur y Malasia.

 

El abrumador proteccionismo comercial en el caso del azúcar –algo indefendible desde un punto de vista racional, porque protege a minorías cuantitativamente insignificantes- provoca, a su vez, que los precios “libres”, esa pequeña porción del endulzante que se comercia sin la intromisión distorsionadora de los gobiernos, estén obviamente corrompidos a la baja, lo que a su vez significa que los productores más eficientes por ventajas comparativas y competitivas sean los más castigados en el comercio mundial.

 

¿Qué pasaría si, como se ha propuesto desde hace diez años al menos, en el seno de la Organización Mundial de Comercio se pactase la liberación total de este mercado para todos los países miembros?

 

Habría millones de ganadores –especialmente en países pobres y en vías de desarrollo- y un puñado de adinerados perdedores, literalmente un puñado, en los países desarrollados de la Unión Europea, en Estados Unidos, en Japón y, en mucho menor grado, en México.

 

Mañana lo veremos.


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