JUEVES, 22 DE FEBRERO DE 2007
¿Qué gasto público?

¿Usted participará en la consulta sobre la construcción del nuevo aeropuerto en la ciudad de México?
No



“Si imprimir dinero ayudase a la economía, falsificar moneda debería ser legal.”
Brian Wesbury

Manuel Suárez Mier







“El sistema vigente de reparto de los recursos entre la federación y los estados y municipios es consecuencia de medidas que se han ido tomando paulatinamente hasta crear un sistema en extremo alambicado y barroco. Revisarlo a fondo, sin embargo, sería abrir una Caja de Pandora con consecuencias imprevisibles.”


La discusión de cómo se reparten los dineros que acopia la federación y los incentivos que tienen estados y municipios para imponer y cobrar sus propios gravámenes, eventualmente lleva a una discusión de mucho más fondo sobre si las condiciones actuales generan incentivos para mantener la unidad nacional.

 

En materia fiscal se ha dado la paradoja que mientras más se centraliza en manos del gobierno federal la recaudación impositiva, más se descentraliza el ejercicio del gasto, con la consecuencia que cada vez hay menos recursos para que la federación invierta en obras de infraestructura que requiere el país.

 

Sin embargo, conforme se han afinado e intensificado los mecanismos de supervisión y control del gasto público federal, las transferencias a estados y municipios carecen de similares niveles de vigilancia por lo que el gasto se ejerce al leal saber y entender de los mandatarios locales.

 

Ello significa que dependiendo de su capacidad y probidad se hacen las obras y se ofrecen los servicios que requiere la población o se disipa el gasto en proyectos inútiles y desperdiciosos.

 

Lamentablemente es cierta la conocida anécdota que lo primero que hacen los presidentes municipales aún de los pueblos más menesterosos del país en cuanto reciben su partida presupuestal, es comprarse una Suburban equipada  a pesar que no haya calles pavimentadas.

 

Una  buena parte del gasto que se ha descentralizado en la última década se hizo en forma imprudente, como fue el caso de la educación pública. Como bien lo ilustra la situación de Oaxaca, tal descentralización no resultó en que el gobierno estatal resolviera los problemas de su sistema educativo.

 

Como es evidente recaudar impuestos no es una actividad que les guste emprender a los políticos pues conlleva impopularidad y rechazo ciudadano. Para los mandatarios estatales y locales es mucho más cómodo extender la mano para recibir sus participaciones del gobierno federal que ponerse a cobrarle impuestos directamente a sus pobladores.

 

En adición, las labores redistributivas que realiza el gobierno federal cuando asigna gasto a entidades “pobres” que carecen de ingresos propios, como es el caso de Oaxaca y Chiapas, provenientes de impuestos recolectados en las entidades “ricas,” como Nuevo León o Jalisco, no hace muy felices a los ciudadanos de estas últimas que quisieran ver reflejados sus esfuerzos fiscales en obras de beneficio en sus propios territorios.

 

Para complicar más esta situación resulta que el sistema vigente de reparto de los recursos entre la federación y los estados y municipios, es consecuencia de medidas que se han ido tomando paulatinamente hasta crear un sistema en extremo alambicado y barroco. Revisarlo a fondo, sin embargo, sería abrir una Caja de Pandora con consecuencias imprevisibles.

 

Como se puede apreciar, resulta muy útil que un conjunto de profesionales interesados en los asuntos fundamentales de su país, como el grupo Huatusco, se reúna por una iniciativa generosa, para discutirlos y plantearles solución.


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