LUNES, 26 DE FEBRERO DE 2007
Las ideas subversivas de Basurto (fabulaciones sobre MTP)

¿Cómo percibe usted el inicio del actual sexenio?
Claro y esperanzador
Oscuro y amenazador



“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Ricardo Medina







“Gracias a que buscamos obtener ganancias (eso es lucrar) satisfaciendo necesidades, el bienestar avanza; lo grave, y es una falla en que suelen incurrir los gobiernos, es cuando se lucra con lo innecesario o inexistente, entonces el bienestar mengua.”


La computadora personal ha sido uno de esos saltos en la productividad que generó para sus inventores ganancias extraordinarias, al tiempo que provocó un avance formidable en el bienestar global. Eso es lucrar con una necesidad del ser humano.

 

El investigador que busca una cura contra una enfermedad mortal, está lucrando: espera obtener una ganancia, “sacar provecho de un negocio”, a partir de una necesidad del ser humano.

 

Lo censurable no es lucrar con las necesidades sino lucrar con lo que no es necesario. Sólo es posible lucrar con productos o servicios innecesarios cuando se tiene un poder dominante en los mercados –un monopolio, por ejemplo que cobra por lo que promete pero no da-, o cuando se “cobra” recurriendo a la amenaza por no hacer un daño (un extorsionador, digamos),  o cuando se tiene un poder coercitivo, como el que poseen los gobiernos, que obliga a los ciudadanos a pagar por cosas o servicios innecesarios o inexistentes.

 

Cosas como las escritas en los párrafos anteriores eran las que solía decir el profesor Aníbal Basurto Corcuera –a quien llamaban el Gordo- en sus clases, en una pequeña universidad de una olvidada ciudad en la república de la Media Tabla Perpetua (MTP). Lo malo es que esas nociones de realismo económico desafiaban la propaganda del supremo gobierno, encabezado entonces por un militar que se proclamaba “adalid del socialismo del nuevo siglo”.

 

Dados los excesos del gasto gubernamental MTP atravesaba entonces por una crisis inflacionaria; crisis de la que el supremo gobierno culpaba a quienes lucraban con lo necesario. Menudearon los controles de precios, las expropiaciones y, también, las persecuciones contra los promotores de dichos lucros. Por ello el Gordo perdió su empleo de profesor. Solo en la vida, salió del país con sus menguados ahorros que le alcanzaron para abrir una pequeña mercería en su nueva patria –“ahí donde puedo ser libre, ahí está mi patria” decía- en la que siguió lucrando, sin recibir ningún reproche de su conciencia, con hilos, botones, agujas… Con cosas necesarias, pues.


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