JUEVES, 1 DE MARZO DE 2007
El colmo institucional

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Una muestra más de que seguiremos siendo rehenes de los caprichos de nuestra poco distinguida clase política. Algunos podrán perseguir un revés para la nueva administración, pero ello conlleva un costo correspondiente para los consumidores, los ciudadanos cotidianos.”


Es un escándalo que, por razones personales o de carácter político, los legisladores nuevamente estén jugando a la revancha, sin considerar el impacto institucional negativo de su irresponsabilidad, al oponerse a la designación de Carlos Hurtado para integrarse a la junta de gobierno del banco central.

 

La oposición nace de una perversa lógica política, del revanchismo que caracterizó el desempeño de nuestra nueva clase de legisladores el sexenio pasado. La oposición, por parte de la bancada perredista, era de esperarse, es un factor descontado en la ecuación de su lógica anti-felipista. Empero, ¿qué hacen los priístas con sus pretensiones, jugando con las instituciones monetarias, con los guardianes del contrato monetario, este contrato que busca procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda?

 

Hurtado tiene credenciales económicas impecables, además que su experiencia en el campo de la política económica integra diversos conocimientos del lado fiscal, del lado presupuestal, del lado monetario, del lado de manejo de riesgos. Si no permitió a nuestros senadores gastar más de lo que se tiene, o derrochar dineros que no son de ellos, éste es un asunto de política pública responsable, no de pretender que esta nominación desfavorece a los beneficiarios de la estabilidad.

 

La estabilidad, además, depende literalmente de ese contrato monetario—es decir, de la credibilidad (el crédito, el credere) de las autoridades monetarias de cumplir con sus metas. Así visto, el imperativo monetario tiene dimensiones éticas, ya que lograr tal o cual tasa de inflación significa, en términos reales, lograr proteger la integridad de las horas de trabajo que nos remunera nuestro esfuerzo laboral o empresarial.

 

Poder comprar más con menos es un asunto directamente ligado a la superación de la pobreza, a lograr un mayor nivel de bienestar. La estabilidad del poder de compra, entre otras cosas, implica estabilidad en nuestro modus vivendi cotidiano.

 

Si nuestra clase política no puede confirmar a una nominación “no brainer,” como la de un economista conocedor, aptísimo para el cargo específico, y distinguido ya en todo un universo financiero ¿qué podemos esperar de los legisladores cuando, de nueva cuenta, debamos abordar temas tan urgentes como el cambio presupuestal, o la reforma del impuesto único, o la imperiosa necesidad de invertir en energía para evitar, en unos años, convertirnos en importadores de crudo?

 

Una muestra más, parecería, de que seguiremos siendo rehenes de los caprichos de esta, nuestra poco distinguida clase política. Algunos podrán perseguir un revés para la nueva administración, pero ello conlleva un costo correspondiente para los consumidores, los ciudadanos cotidianos. Un verdadero colmo institucional.

• Carlos Hurtado

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