El Econoclasta
Mar 30, 2007
Isaac Katz

¿Izquierda progresista?

Si estos de izquierda fuesen efectivamente progresistas, debieron haber sido los primeros en apoyar la reforma. ¿Izquierda progresista?, no; ¡izquierda retrógrada!, por supuesto.

Contradicción en términos: izquierda y progresista no pueden ir juntos, como sí van juntos, estrechamente juntos porque son lo mismo, liberal y progresista. Sin embargo, se dice que la izquierda es progresista porque se preocupa por aumentar el espectro de libertades individuales como pueden ser las decisiones muy personales sobre el aborto o la eutanasia, cosa que la llamada derecha claramente no hace. Esta posición, sin embargo, no hace que la izquierda sea progresista ya que sólo ve un aspecto muy particular del espectro amplio de libertades individuales, esas libertades que esos mismos de izquierda que apoyan la despenalización del aborto y la legalización de la práctica de la eutanasia están dispuestos a restringir e inclusive abolir. Esto viene a cuento por la posición de absoluto rechazo que asumió esa izquierda “progre” en torno a la reforma al sistema de pensiones del ISSSTE. Sin saber de qué se trataba ya que con certeza casi ningún diputado, senador, dirigente del llamado Frente Amplio o líderes sindicales, líderes estudiantiles y toda la diversa fauna de “progres” que vimos en estos últimos días en la calles se tomó siquiera la molestia de leer y estudiar la iniciativa de reforma, organizaron y participaron en protestas, marchas, bloqueo de calles y mentadas de madre al presidente, a los diputados, a los senadores, a los banqueros, al Banco Mundial y al FMI y a todo aquél que se pudiera aunque no tuviese vela en el entierro.

 

Es claro que el sistema de pensiones basado en el reparto está  actuarialmente quebrado y por lo mismo es insostenible dado que la relación del número de trabajadores en activo respecto del número de pensionados es cada vez menor y las aportaciones que realizan aquellos que están en activo no son suficientes para cubrir la totalidad de recursos que se le transfieren a los jubilados. Haber seguido por el mismo camino hubiese significado que un porcentaje cada vez mayor del gasto total del gobierno federal se hubiese tenido que destinar al pago de pensiones, quitándole en consecuencia recursos a otros rubros como son educación, salud, seguridad pública, infraestructura, etcétera, o inclusive haber llegado al momento en que el gobierno, ante las presiones de las pensiones optara por no pagarlas o pero aun, “licuar” toda la deuda con inflación.

 

La reforma tiene muchos méritos entre los que destacan, además de haber dado solución a una parte del problema fiscal que enfrenta el gobierno, definir los derechos de propiedad individual sobre las pensiones, eliminar la opacidad con la cual se maneja en la actualidad la “bolsa” para el pago de pensiones, crear las condiciones para un manejo eficiente y rentable de las aportaciones que hagan  el gobierno y cada uno de los empleados gubernamentales a cada una de sus cuentas, dar la portabilidad en el futuro a las cuentas individuales y por lo mismo generar mayor flexibilidad y movilidad en el mercado laboral entre el gobierno y el sector privado.

 

Si estos de izquierda fuesen efectivamente progresistas, debieron haber sido los primeros en apoyar la reforma. ¿Izquierda progresista?, no; ¡izquierda retrógrada!, por supuesto.

• Pensiones


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