LUNES, 9 DE ABRIL DE 2007
Narco Sonora

Según usted, ¿cómo le está yendo a la economía mexicana?
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Bien
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Muy mal



El punto sobre la i
“¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?”
Epicuro


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“¿Resultará positivo socialmente el producto de la relación costo-beneficio de la actual guerra contra los narcos? ¿Están dispuestos nuestros vecinos a mover un miserable dedo para acabar con el monstruo?”


El estado de Sonora ocupa, en reñido empate con el D. F., el primer lugar en narcotráfico si se considera el número de mafias que operan en su territorio.

 

De acuerdo a información de la Procuraduría General de la República, Presidencia de la República, Secretaría de la Defensa Nacional y algunas fuentes periodísticas, en el país operan siete cárteles de la droga, de los cuales cinco funcionan en Sonora e igual número en el Distrito Federal.

 

Según estas fuentes las mafias mexicanas que se han vendido dedicando al fabuloso negocio del tráfico de drogas -naturales y sintéticas- desde hace varias décadas son los encabezados por los Arellano Félix, Vicente Carrillo, Pedro Díaz Parada, Osiel Cárdenas Guillén, Joaquín  “Chapo” Guzmán, los hermanos Jesús y Adán Amezcua Contreras y Armando Valencia Cornelio.

 

De las siete familias dueñas del negocio de la distribución y venta de drogas ilícitas en nuestro país, cinco operan en Sonora y son las de los Arellano, Vicente Carrillo, Chapo Guzmán, Amezcua Contreras y Armando Valencia. En el Distrito Federal, por su parte, operan los mismos cárteles excepto que el lugar de los Arellano Félix lo ocupa Pedro Díaz Parada, capturado recientemente en la ciudad de Oaxaca.

 

En este bochornoso ranking del narcotráfico nuestro estado y el D. F. son seguidos por los estados de Baja California Norte y Nuevo León, los  cuales hospedan a cuatro fuertes brazos de las familias mencionadas. Dato curioso de la geografía de las mafias es que en Sinaloa, contra lo que pudiera pensarse, sólo trabaja el cártel de los Arellano.

 

La información periodística de las últimas semanas da cuenta de espectaculares operativos anti narcotráfico efectuados en los estados de Guerrero y Michoacán, en la ciudad de Tijuana y en el llamado Triangulo Dorado, formado en la confluencia de los estados de Chihuahua, Sinaloa y Durango.

 

Mención aparte merece el fabuloso decomiso de dinero en efectivo realizado en una residencia de Las Lomas de Chapultepec, en la ciudad de México, el cual según la propia Subprocuraduría de Investigación de Delincuencia Organizada, responsable de la acción, se llevó a cabo como resultado de una investigación no relacionada con los mencionados operativos masivos en las diferentes regiones del país antes dichas.

 

Dos aspectos medulares resaltan de este apresurado esquema de la lucha contra el narcotráfico en la República Mexicana. El primero consiste en lo ridículo que resulta el producto obtenido en base a un despliegue masivo de elementos armados, equipos, vehículos, bastimentos y logística, mientras que el segundo es el relativo a la ausencia total de respuestas equivalentes en el vecino país del norte, sede del mercado más ávido de drogas y con el mayor poder adquisitivo del planeta tierra y cuerpos celestes que le acompañan.

 

Muchas preguntas y muy pocas respuestas flotan en el ambiente, pero dos son particularmente intrigantes, dada la certidumbre expresada por el presidente Calderón, en el sentido de que la guerra será larga y costosa en vidas y en dinero. La primera es: ¿Resultará positivo socialmente el producto de la relación costo-beneficio de la actual guerra contra los narcos? Mientras que la segunda es: ¿Están dispuestos nuestros vecinos a mover un miserable dedo para acabar con el monstruo?

 

• Drogas

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