JUEVES, 31 DE MAYO DE 2007
Un mundo de buenas noticias

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“Existe una tiranía en el vientre de cada utopía.”
Bertrand de Jouvenel

Jeff Jacoby









“Atacar la fecundidad ha estado de moda desde 1798, cuando Thomas Malthus escribió que debido a que la gente se multiplica más rápidamente que los alimentos, más niños en realidad significan más hambre y más miseria. Malthus estaba equivocado, como posteriormente lo reconoció, pero dos siglos más tarde la misantropía neomalthusiana sigue en boga.”


Boston (AIPE)- ¿Demasiada gente? Paul Watson, presidente de la organización ambiental Sea Shepherd Conservation Society, escribe que la sobrepoblación “es un virus… que está matando a nuestro anfitrión, el planeta Tierra, por lo que la población humana debe ser recortada en 85 por ciento. “Ninguna comunidad debe tener más de 20 mil personas… necesitamos reducir radical e inteligentemente la población humana a menos de mil millones”. Watson describe la humanidad como “el sida de la Tierra” y quiere acabar con los automóviles, los aviones y barcos que no sean de velas.

 

Watson fue cofundador de Greenpeace y estuvo en la directiva del Sierra Club, además de aparecer en la lista de “los héroes del medio ambiente del siglo XX” de la revista Time. Por más alocadas que sean sus propuestas de eliminar a 5,500 millones de personas y a pesar de las grandes ventajas de la vida moderna, sigue siendo respetado por las élites verdes que tanta antipatía sienten por el crecimiento de la población y los avances tecnológicos.

 

Así, en su libro “La explosión de la población” publicado en 1990, Paul y Anne Ehrlich mantenían que el nacimiento de un bebé “es un desastre”. Al Gore repitió eso dos años más tarde en “La tierra en la balanza”. Padre de cuatro hijos, Gore también declaró que “ningún objetivo es tan crucial para curar el ambiente global que estabilizar la población humana”, es decir, que vengan menos niños al mundo.

 

Atacar la fecundidad ha estado de moda desde 1798, cuando Thomas Malthus escribió que debido a que la gente se multiplica más rápidamente que los alimentos, más niños en realidad significan más hambre y más miseria. Malthus estaba equivocado, como posteriormente lo reconoció, pero dos siglos más tarde la misantropía neomalthusiana sigue en boga. El informe publicado a principios de mayo por la fundación británica Optimum Population Trust declara que “lo mejor que alguien… puede hacer para ayudar al planeta es tener un hijo menos”.

 

En la época de Malthus, la población de la Tierra era de 980 millones. Hoy es siete veces mayor, 6.500 millones. Si los alarmistas tuvieran razón, nuestras vidas serían mucho peor que hace dos siglos, pero la realidad es que sucede todo lo contrario. La gente es hoy mucho más saludable, más limpia, mejor alimentada y más productiva que quienes vivían en 1800.

 

A quien tenga dudas de ello, le recomiendo el nuevo libro del científico Indur Goklany, “The Improving State of the World” (Cato Institute, 2007). El autor representó a Estados Unidos en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático y en su libro ofrece gran cantidad de estadísticas que demuestran que cuando las naciones prosperan, mejora la calidad de la vida y que las mejoras tecnológicas permiten que más gente viva mejor y en un medio ambiente más limpio. Esto no quiere decir que no se ha eliminado la miseria, pero es en algunas de las sociedades más pobres donde se están logrando los mayores adelantos.

 

A pesar de que la población del mundo ha aumentado más de 150 por ciento desde los años 50, la producción de alimentos ha crecido mucho más y sus precios son hoy 75 por ciento más bajos. La desnutrición ha bajado de 37 por ciento a 17 por ciento.

 

En el mundo anterior a la industrialización, 200 de cada mil niños morían antes de cumplir un año. En China, la mortalidad infantil se ha reducido de 195 por mil a menos de 30 en los últimos 50 años. En 1900, la gente vivía un promedio de 31 años, pero para 2003 el promedio mundial de vida era 66,8 años.

 

En cuanto a salud, hoy sufrimos de muchas menos enfermedades que nuestros antepasados y éstas tienden a ocurrir más tarde: casi ocho años más tarde en el caso del cáncer, nueve años más tarde en las enfermedades del corazón y 11 años más tarde en las enfermedades respiratorias.

 

Utilizando cualquier medida –educación, trabajo infantil, aire puro, libertad, hambre, horas de trabajo, pobreza mundial– la humanidad  prospera hoy mucho más que antes. No es cierto que el nivel de vida baja con el aumento de la población. Por el contrario, donde hay libre mercado y mentes libres (crecimiento económico y tecnología) la humanidad progresa. Como lo explica Goklany, “la humanidad… nunca ha estado en mejores condiciones. Nuestras vidas son mejores que las de nuestros antepasados” y las de nuestros descendientes serán aún mejores que las nuestras.

 

___* Columnista del diario Boston Globe.                                         

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