Foro libre
Jun 29, 2007
Edgar Piña

En el país de la calma

No tengo la menor duda que aquí en el país del no le muevas, nadie quiere llegar a ninguna parte. No importa que en otras tierras la gente corra, las economías avancen, las sociedades mejoren; aquí no tenemos prisa, no hay apuro, muchas cosas las dejamos pa’ mañana.

“En el país de la calma, dijo la Reina, tenéis que correr si queréis llegar a alguna parte…” (Alicia a través del espejo de Lewis Carrol)

 

A unas cuantas horas de partir hacia Saskatchewan, provincia canadiense, localizada en la Gran Pradera Norteamericana, y bajo un calor hermosillense que sin lugar a dudas quemaría al mismo diablo, no puedo dejar de pensar en la experiencia que habré de vivir, pero también en la calma chicha que caracteriza a mi País, a mi estado y a mi ciudad.

 

No es la primera vez que hago alusión a ese transcurrir como sin prisa, calmado, sin apuros en el que funcionan todas las cosas de mi tierra. Y no es que prefiera el acelere sin sentido, el stress gratuito, el apuro por todo y por nada. No, lo que siempre me ha inquietado es la ausencia de voluntad de transformación, de cambio, de mejoría, de desarrollo.

 

Estoy seguro que a los que les toca disfrutar de las cosas buenas de la vida, los que están en el lado ganador de la economía, en el área de confort asegurado, no tienen en absoluto interés en arriesgar un cambio, un avance, un reacomodo de imprevisibles consecuencias.

 

Pero también aseguro que a los que sudan la gota gorda para llevar el pan a su casa, llenar el tanque de la gasolina, pagar las cuentas que no son pocas ni pequeñas, tampoco les inquieta mover un dedo para cambiar las reglas del juego, o por lo menos hacer algo para brincarse al lado de los ganadores.

 

La verdad es que los días pasan, las semanas transcurren, los meses se suman hasta acabalar años y las cosas siguen igual. El noticiero de anoche dio cuenta de los asesinados por el narco terror, de los dimes y diretes de los políticos chafas que nos gobiernan a todos los niveles, y de las vicisitudes deprimentes de mexicanos de expectativa incierta, pero dotados de paciencia infinita y esperanza inacabable.

 

Hoy por la noche los pregoneros del duopolio televisivo habrán de repetir el script de anoche, el cual será el mismo de mañana y de pasado mañana y de la próxima semana y así hasta ad infinitum. Total si así es negocio, así lo dejamos. Ni para qué moverle.

 

Allá hacia el norte, fuera del país del así está bien, las economías crecen, el bienestar se observa, el desarrollo se vive, se compra, se vende, se consume, se disfruta. Siempre que viajo hacia un país de economía en crecimiento y observo con desazón, casi con molestia, cómo los empresarios, el gobierno, los políticos, la gente toda, se ocupan en el trabajo productivo, en ciudades limpias, modernas, organizadas; en economías dinámicas, pujantes; mientras que acá en mi México seguimos como ayer, y anteayer y el mes pasado y el año pasado.

Cuando la Reina le indicó a Alicia cuál camino tomar para llegar a alguna parte, tuvo mucho cuidado en decirle que en aquel país –el de la calma chicha- se tenía que correr para llegar a cualquier parte, le estaba diciendo que si nada más caminaba, nunca llegaría a su destino.

 

Por ello no tengo la menor duda que aquí en el país del no le muevas, nadie quiere llegar a ninguna parte. No importa que en otras tierras la gente corra, las economías avancen, las sociedades mejoren; aquí no tenemos prisa, no hay apuro, muchas cosas las dejamos pa’ mañana.

 

Dentro de unos días, estaré en Saskatchewan, la tierra de los cielos vivientes, provincia canadiense en la que se cultivan alrededor de 25 millones de hectáreas. Sí, leyó bien: veinticinco millones de hectáreas. En la Costa de Hermosillo, en sus mejores tiempos, se llegó a sembrar poco más de 400,000 hectáreas. Hoy se calcula una superficie menor a 50,000.

 

Allá nunca conocieron a los agrotitanes, a los pujantes agricultores sonorenses. Allá simplemente hay compañías agrícolas y familias de agricultores que trabajan la tierra, con maquinaria y tecnologías avanzadas. Ellos aprovechan la cortedad del verano para extraerle riqueza a la naturaleza y no la contaminan, no la depredan; la cuidan, la cultivan. Estaremos en contacto.



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