JUEVES, 13 DE SEPTIEMBRE DE 2007
Irak, horrores y errores

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“La inflación no es una catástrofe de la naturaleza ni una enfermedad. La inflación es una política.”
Ludwig von Mises

Carlos Ball









“Escribo estas líneas al cumplirse el sexto aniversario del malvado ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001. Tan repugnante crimen conmovió al mundo entero que, de diversas maneras, mostró su respaldo a Estados Unidos. Esa buena voluntad y apoyo ha sido en gran parte dilapidado por la interminable guerra en Irak y la guerra interna contra la inmigración.”


Miami (AIPE)- Es lamentable que el Partido Republicano que llevó a la presidencia a Ronald Reagan –quien en mi opinión fue el mejor presidente de Estados Unidos en el siglo XX-, hoy se distinga por su apoyo a dos infames guerras: la guerra en Irak y la guerra interna contra la inmigración.

 

Escribo estas líneas al cumplirse el sexto aniversario del malvado ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, donde murieron 2.973 personas inocentes. Tan repugnante crimen conmovió al mundo entero que, de diversas maneras, mostró su respaldo a Estados Unidos. Esa buena voluntad y apoyo ha sido en gran parte dilapidado por la interminable guerra en Irak y la actitud del presidente George W. Bush, quien se siente capacitado para imponer, por la fuerza, su visión occidental de gobierno democrático a una nación islámica, dividida por odios ancestrales.

 

Hoy, la única causa común que parece estar surgiendo en Irak es el rechazo a la intervención militar de Estados Unidos, que a la fecha ha costado la vida a más de 3.700 soldados norteamericanos.

 

Claro que es una obligación fundamental del presidente de Estados Unidos defender la nación de ataques extranjeros, pero las razones dadas para justificar la invasión, tales como la producción de armas nucleares por parte de Sadam Hussein, resultaron erradas. Aún así, la invasión fue exitosa y el maligno poder de Hussein fue aplastado, por lo que el presidente Bush declaró “misión cumplida” el 1 de mayo de 2003. Si entonces se hubiera procedido a responsabilizar a los iraquíes de su propio destino, retirando a los soldados de Estados Unidos, George W. Bush hubiese pasado a la historia como un exitoso y ejemplar presidente.

 

Pero, cuatro años y cuatro meses más tarde, seguimos viendo morir a soldados norteamericanos, empantanados en una guerra de guerrillas y terrorismo, en un país en ruinas, sin electricidad ni agua potable, con una población que intenta emigrar o simplemente trata de sobrevivir ante la escasez, el desempleo y atroz inseguridad.

 

Esas señales de cruzada seudorreligiosa que siente y demuestra el presidente Bush, en todo lo relacionado con Irak, han tenido trágicos resultados. Asusta ver su mirada optimista y segura cada vez que trata el tema de Irak.

 

La constitución en ninguna parte dice que la misión del presidente o del gobierno de Estados Unidos es imponer militarmente el bienestar y la democracia a terceros países. La razón de ser del gobierno es hacer respetar la vida, los derechos y la propiedad de los ciudadanos. Por el contrario, la guerra en Irak ha conducido a debilitar internamente las libertades civiles, multiplicando los controles policiales, lo cual es otra tragedia adicional.

 

Varios destacados líderes republicanos, como Chuck Hegel, senador de Nebraska, están anunciando su retiro de la política, mientras que los líderes demócratas se dedican a sacarle provecho electoral a los errores de Bush. Allí surge otra calamidad porque un futuro presidente demócrata con el control absoluto del Congreso probablemente significará el aumento de los impuestos, de la burocracia (que ha crecido exageradamente bajo Bush), del proteccionismo, los subsidios y las regulaciones, en un país donde ya una quinta parte de los trabajadores requieren una licencia o un permiso del gobierno para poder hacer su trabajo.

 

Respecto a la guerra desatada internamente contra la inmigración, me limitaré a citar las declaraciones dadas hoy por el general Colin Powell, quien fue jefe del Estado Mayor Conjunto y, posteriormente, primer secretario de Estado (2001-2005) del actual presidente: “Estados Unidos no sobreviviría sin inmigración. Inclusive los indocumentados contribuyen a nuestra economía. Eso es lo que vinieron a hacer mis padres. Esa es la imagen que debemos proyectar al resto del mundo… Hemos perdido algo de imagen, pero no hemos perdido todavía esa realidad. Y podemos arreglar la imagen al demostrar que [los inmigrantes] serán bienvenidos”.

 

___* Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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