MARTES, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2007
Partidos partidocráticos, ¡uníos! (contra el pueblo)

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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“Los partidos no dicen de viva voz lo que pongo enseguida (entre muchas cosas más) pero qué bien lo practican”


El 11 de septiembre de 2007 es histórico no sólo por llegar a un sexenio del acto de guerra más duro contra Estados Unidos sino porque por primera vez en la historia, toda, lo que se llama toda la prensa electrónica se reunió con nuestros “muy” prestigiosos, creíbles, confiables, reputadamente honestos y patrióticos representantes: los diputados y senadores, según ellos encargados de velar por nuestra libertad de expresión, bienestar, capacidad de decidir libremente; por la democracia y cosas así de bonitas.

 

Y dicen: los tiempos oficiales no le cuestan a nadie. (Ah, caray.) Pero además son míos. Me los darás, digan lo que digan radioyentes y televidentes. Tendremos Hora Nacional por mandato de ley en las horas y tiempos y formas y contenidos que decidamos.

 

Es que los medios son propiedad del pueblo (Pablo Gómez). Y antes de volver a respirar, dice Gómez que ellos son los que verán por ellos porque son “sencillos representantes populares”. ¿No suena a amenaza? Rogerio Azcárraga (Radio Fórmula) habló de expropiación. Y dados los antecedentes de Pablo Gómez y de su partido…

 

Los partidos no dicen de viva voz lo que pongo enseguida (entre muchas cosas más) pero qué bien lo practican:

 

·         Te robo tu rating según me cuadre, en los tiempos y horarios que a mí me convengan. (Rogerio Azcárraga criticó la expropiación hasta del 30% pero es peor: un robo, porque en toda expropiación hay una contraprestación. Aquí, nada.)

·         No me fiscalizarás ni un peso de mi dinero y no dejaré de ser “entidad de interés público”, con derecho a que me pagues lo que yo decida, a través de mis diputaditos.

·         No pagaré impuestos por el dinero que recibo, ni tampoco estoy sujeto a ley alguna de transparencia (como tampoco los sindicatos).

·         Ejerceré la censura que se me antoje si a mi discreción considero que opinas en mi contra. (Según Ricardo Monreal esa pinochetista disposición es de avanzada.)

·         Impediré que alguien ejerza su libertad de expresión durante las campañas, a su costo, diga lo que diga el derecho ajeno a la libertad de expresión. 

·         Juzgaré si me gusta o no lo que dices de mí. Si no, tendré derecho a apagar ipso facto tu señal.

·         Crucifico al IFE, que era garantía constitucional para el ciudadano pero no le acomodaba a los partidazos. (Y claro que no es para darle gusto a un candidato perdedor al que Ugalde le cae gordo; claro que no es por engordar el caldo al PRD; claro que no tiene nada que ver esto con el irrestricto respeto que le debemos a un árbitro imparcial, claro que no blablablabla.)

·         Los tres partidazos no tenemos por qué presentar una sola prueba o alegato en contra de consejero alguno del IFE ni entablarles juicio político o acusaciones de traición a la patria. No les tenemos confianza, y ya. (El que el pueblo si se la tenga, en proporción incomparablemente mayor a la del “H” Congreso, no importa.)

·         Claro que los escucho cuatro horas, egregios comunicadores. Ustedes son lo máximo. Pero luego de cuatro horas de servirles con el dedo su atolito, voto inmediatamente lo que ya estaba decidido. Y por unanimidad. ¡Su presencia fue una nimiedad!

 

Todo lo anterior, y más, podría aceptarlo el PAN a cambio de una minirreforma fiscal. Todo ese agravio, toda esa infamia, toda esa porquería, por un plato de lentejas crudas. Aceptarían todo el chantaje para que una reformita pequeñísima pudiera salir.

 

Si el PAN cae en eso y lo acepta, estará traicionando a sus mejores hombres, tradiciones y principios. Traicionará a sus votantes y simpatizantes. Y para muchos, si aquellos y el presidente emanado de ese partido lo aceptan, se habrán acabado.

 

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