MARTES, 23 DE OCTUBRE DE 2007
Estatua de Fox: Comedia de errores

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“Quizá esta misma atención a temas absolutamente superficiales debiera ser una señal de alerta para nuestros políticos. Siempre es difícil lograr que la gente se interese en los temas fundamentales del país. Por eso los problemas no terminan por entenderse sino hasta que se convierten en crisis. Y los políticos promueven aún más esta actitud al dedicarle tanto tiempo y esfuerzo a un asunto tan intrascendente como la estatua de un político.”


No sé quien cometió el peor error. El ex presidente Vicente Fox, al permitir que se le rindiera un homenaje tan fuera de lugar como una estatua en un momento en que se está cuestionando su propia honestidad personal. El presidente municipal panista de Boca del Río, Veracruz, que a unas semanas de dejar el cargo y en un ánimo crispado decidió erigir esa estatua (sólo para después retractarse). O los militantes priistas, que el derribar la estatua frente a los medios de comunicación se convirtieron en símbolo de la intolerancia política que sigue existiendo en nuestro país.

 

La estatua de Boca del Río ha terminado por reflejar mucha de la falta de inteligencia que se ha vuelto tan común en nuestro medio político. La escultura fue colocada en su pedestal el 13 de octubre, en un momento en que la información sobre el presunto enriquecimiento del ex presidente Fox llenaba los encabezados de los periódicos y los tiempos de los medios electrónicos de comunicación. La administración municipal panista de Boca del Río mostró, cuando menos, falta de sensibilidad al decidir proseguir con una ceremonia que estaba ya planeada con anterioridad, mientras que el ex presidente Fox hizo gala una vez más de su incapacidad para entender los tiempos de la política.

 

Los priistas que llegaron a derribar la estatua el 14 de octubre, sin embargo, mordieron el anzuelo. En su afán por mostrar su insatisfacción con Fox y con el gobierno panista de Boca del Río, a lo cual tienen todo el derecho del mundo, derribaron una estatua que es propiedad pública mostrando a un país, lleno de estatuas y homenajes a ex gobernantes priistas, que aún no han entendido que México es ya un país plural en el que deben aprender a convivir políticos y gobiernos de todos los signos partidarios e ideológicos. Al final estos priistas protagonizaron un desplante de intolerancia que en nada beneficia a su partido o a su causa.

 

La anécdota de la estatua se convirtió al final en una especie de juego y de burla. Nadie en el medio político dejó de ofrecer su punto de vista. Las encuestas señalaron que, a pesar de la estupidez de todo el asunto, la gente estuvo al pendiente de manera constante. La historia de la caída de la estatua de Fox, de hecho, fue la noticia más vista en varios sitios de internet que mantienen un registro de las “vistas” de los lectores.

 

Pero quizá esta misma atención a temas absolutamente superficiales debiera ser una señal de alerta para nuestros políticos. Siempre es difícil lograr que la gente se interese en los temas fundamentales del país. Por eso los problemas no terminan por entenderse sino hasta que se convierten en crisis. Y los políticos promueven aún más esta actitud al dedicarle tanto tiempo y esfuerzo a un asunto tan intrascendente como la estatua de un político.

 

Lo peor de todo es que parece que vamos a seguir en este camino. La siguiente gran batalla de lo intrascendente tendrá que ver con la entrega de la medalla Belisario Domínguez por parte del Senado. Qué pena para los políticos, y para nosotros los ciudadanos.

• Democracia mexicana

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