JUEVES, 13 DE DICIEMBRE DE 2007
Una cultura de largo plazo

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“La arrogancia, esa actitud de supremacía intelectual, ya sea en materia política o en materia económica, o incluso cualquier otra materia, es la fuente principal del “síndrome del chupacabras”: todo lo malo es culpa de un factor externo, que está fuera de nuestro control. Todo lo bueno es gracias al político iluminado con su gama de voluntarismos, de varitas mágicas, de soluciones al instante.”


Los políticos mexicanos, como en casi todos lados, son dados a soluciones fáciles, a visiones de inmediato-plazo, todo lo que significa bonos políticos ahora, aun a expensas del si estas medidas generen beneficios en el largo-plazo. Antes podría ser un programa de estabilización emergente, ahora se vocifera al azar sobre prevenir el calentamiento global.

 

En su versión política, tenemos el control de contenidos que pretendería ejercer el nuevo iluminati electoral. Esta arrogancia, esta actitud de supremacía intelectual, ya sea en materia política o en materia económica, o incluso cualquier otra materia, es la fuente principal del “síndrome del chupacabras”: todo lo malo es culpa de un factor externo, que está fuera de nuestro control. Todo lo bueno es gracias al político iluminado con su gama de voluntarismos, de varitas mágicas, de soluciones al instante.

 

Por ello, quizás, acabamos “rezándole a la Virgen de Guadalupe” que no haya una desaceleración económica, o que se acabe la llamada “agro-inflación” o que se estabilicen los petro-precios, o, incluso, que no caigamos en otra crisis. El dilema capital, tanto hoy como mañana, es cómo cultivar una cultura política que mire hacia el largo plazo, que sea consciente sobre de la ley de las consecuencias no intencionadas.

 

Mirar hacia el largo plazo significa, entre otras cosas, tomar en serio la posibilidad de desarticular el monopolio sindical sobre la educación, y abrir este sector a la inversión y la competencia. Significa, también, tomar en serio la posibilidad de realizar una reforma verdaderamente estructural en el sector energético. Las formas, y la ingeniería, de estos (y muchos otros) cambios, requieren imaginación, creatividad y un análisis centrado de los riesgos presentes y los retos futuros. En varias ocasiones, tanto en este foro como en otros espacios, hemos demostrado que sí existen estas fórmulas—y que no se vale ampararse con la comodidad de la falsa disyuntiva entre “posible” sobre lo deseable.”

 

Sin duda, esta visión de largo plazo también requiere humildad, o sea, requiere no caer en la trampa de las varitas mágicas o las soluciones instantáneas. Pero no por ello se debe renunciar a trabajar lo “deseable.” El principio más importante que hemos aprendido en materia de economía política es que nuestra ignorancia de las cosas supera, por mucho, nuestro conocimiento de las mismas.

 

En las palabras de Bill Emmott, antes editor-en-jefe del semanario The Economist, los llamados hacia una utopía son peligrosos, pero igual los presupuestos de conocimiento ante la realidad socioeconómica del momento. Es mejor un proceso de ensayo y error que una imposición por un político iluminado, hasta “católico voluntarista.”

 

Ello conlleva una paradoja, la paradoja de apreciar el largo-plazo: cuando creemos haber encontrado soluciones a nuestros problemas, lo primero que debe asustarnos, afirma el mismo Emmott, es nos creamos nuestras propias mentiras de que disponemos del poder político para llevar estas soluciones al campo de la vida real.

 

Vaya, igual de peligroso puede resultar un “católico voluntarista” que un mesías tropical, o que un legislador que genuinamente se cree la perfecta idiotez de poder regular el contenido de una contienda electoral.

 

• Política mexicana

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