LUNES, 17 DE DICIEMBRE DE 2007
Increíble, pero cierto

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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“¿Criticar candidatos a puestos de elección popular, es una acción delictiva por su propia naturaleza, razón por la cual dicha crítica debe estar prohibida y sancionada por la ley? ¿Ejercer esa crítica a través de los medios de comunicación, en general, es una acción delictiva por su propia naturaleza, motivo por el cual debe estar prohibida y sancionada por la ley?”


Lo único que justifica la existencia del Estado, las leyes y los gobiernos, es la defensa de los derechos de la persona a la vida, la libertad y la propiedad. Lo único que justifica la existencia del poder político, es decir, del poder para obligar a las personas a comportarse, o no comportarse, de determinada manera, es que se use para prohibir los comportamientos que atentan contra la vida, la libertad y la propiedad. Ese poder político comienza por la redacción y promulgación de leyes, responsabilidad de los legisladores, quienes deben redactar leyes justas, que son, precisamente, aquellas que reconocen plenamente, definen puntualmente y garantizan jurídicamente la vida, la libertad y la propiedad, leyes que son la esencia del Estado de Derecho, definido como el gobierno de las leyes justas.

 

Son justas aquellas leyes que prohíben y sancionan las acciones delictivas por su propia naturaleza; aquellas que violan los derechos a la vida, la libertad y la propiedad; aquellas que matan y mutilan, esclavizan y secuestran, roban y despojan, acciones, todas ellas, delictivas por su propia naturaleza.

 

Si son justas aquellas leyes que prohíben y sancionan las acciones delictivas por su propia naturaleza, ¿cómo calificar aquellas que prohíben y sancionan acciones que no son delictivas por su propia naturaleza? A esas leyes hay que calificarlas de injustas, no habiendo en la vida social, es decir, en el entramado de relaciones entre individuos, mayor contradicción que esa, una ley injusta, pese a lo cual ese tipo de leyes son comunes y corrientes, atentando contra la vida, la libertad y la propiedad, haciendo del Estado de Derecho un Estado de chueco.

 

Dicho lo anterior, hagámonos las siguientes preguntas. ¿Criticar candidatos a puestos de elección popular, es una acción delictiva por su propia naturaleza, razón por la cual dicha crítica debe estar prohibida y sancionada por la ley? ¿Ejercer esa crítica a través de los medios de comunicación, en general, es una acción delictiva por su propia naturaleza, motivo por el cual debe estar prohibida y sancionada por la ley? ¿Ejercer esa crítica a través de los medios de comunicación, en particular los electrónicos, es una acción delictiva por su propia naturaleza, por lo cual la ley debe prohibirla y sancionarla?

 

En cada caso la respuesta es no: criticar candidatos a puestos de elección popular, independientemente de cómo se lleve a cabo la crítica, y de quién la lleve a cabo, no es una acción delictiva por su propia naturaleza. Es más, es parte esencial del derecho a la libertad de expresión, sobre todo en aquellos sistemas políticos que se precian de ser democráticos, democracia que se entiende como la participación de los ciudadanos en la política, participación que comienza por la crítica, ¿o no? Claro que sí, aunque la mayoría de los legisladores opina, en el mejor de los casos, que sí, pero no siempre, y allí están las nuevas reglas del juego, redactadas en el COFIPE, que limitan a los ciudadanos a la crítica de café, sin posibilidad de ejercerla, previa compra de tiempo, a través de los medios electrónicos de comunicación, radio y/o televisión, cuya cobertura haría que esa crítica llegara a más gente, algo que los legisladores, ¡obviamente!, quieren evitar a toda costa, lo cual es, ¡por decir lo menos!, una vergüenza y, diciendo lo más, un abuso de poder que viola la libertad de expresión y atenta, por ello mismo, contra una de las partes esenciales de la democracia: la participación, sin cortapisas, del electorado en los procesos electorales, participación que, en las democracias serias, no se limita a sufragar el día de la elección, por más que la mayoría de nuestros legisladores piense que a eso, a votar y nada más, debe limitarse la actividad del electorado en tiempos de elecciones. Increíble, pero cierto.

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