Jaque Mate
Ene 10, 2008
Sergio Sarmiento

Y el consumidor ¿qué?

En México todos los grupos productores tienen defensores dentro de la clase política. Pero los consumidores, que somos todos, no tenemos a nadie. Lo peor de todo es que los argumentos que se utilizan para el proteccionismo son falsos.

Los grupos proteccionistas siempre están buscando favorecer sus intereses muy particulares. Dicen que actúan en beneficio de la sociedad cuando exigen protección para ciertos productos nacional. Pero lo que es claro es que nunca piensan en el consumidor.

 

El proteccionismo puede quizá favorecer a algunos miembros de una sociedad, pero por su propia naturaleza afecta de manera negativa a las mayorías. La razón es que algunos podemos trabajar en una industria u otra, pero en cambio todos somos consumidores. Desafortunadamente, los políticos que toman medidas para proteger a un grupo de interés o a otro, a aquellos que más los presionan o a los que más respaldo electoral les dan, olvidan siempre a los consumidores, olvidan siempre a las mayorías.

 

Hoy estamos viendo, por ejemplo, a grupos que piden que se cierren las fronteras nacionales al maíz estadounidense o a los productos chinos o a los medicamentos de empresas que no tengan plantas en nuestro país, pero nunca toman en cuenta los costos que estas medidas proteccionistas tienen para los consumidores nacionales.

 

La vieja clase política busca impedir la importación libre de aranceles de los productos del campo de Estados Unidos, entre ellos el maíz amarillo. Pero si este esfuerzo tiene realmente éxito, el resultado será un aumento importante de los precios de los alimentos en México, y no sólo los que se fabrican con maíz, sino una amplia gama de ellos. La razón es que nosotros los mexicanos apenas producimos maíz amarillo y en cambio lo utilizamos intensamente como forraje para ganado y para aves.

 

Cerrar las fronteras a la importación de maíz amarillo no ayudaría, por supuesto a los campesinos mexicanos, que sólo producen maíz blanco. Pero el impacto que la medida tendría para los consumidores mexicanos sería enorme. Los precios de los alimentos en nuestro país simplemente se multiplicarían. Y los mismos políticos que hoy se quejan de la apertura protestarían por las alzas en los precios.

 

Otros políticos están pidiendo que se cierren las fronteras a una amplia gama de productos chinos. Uno puede entender que esta medida se tome en claros casos de dumping, en que los fabricantes chinos venden sus productos en México a precios inferiores a los costos de producción. Éstos son casos que consideran las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Pero los grupos que se oponen a la importación de productos chinos no se interesan por el dumping sino simple y sencillamente por mantener un mercado de altos precios y poca competencia para ciertas empresas mexicanas. Lo curioso es que los mismos políticos que promueven este proteccionismo son quienes después se trasladan a Estados Unidos a comprar productos chinos que se venden más baratos en ese país.

 

Lo mismo ocurre con los medicamentos. Por una parte los políticos se quejan de los altos precios de las medicinas en nuestro país, pero por el otro se niegan a que ingresen en territorio nacional medicamentos importados por empresas que no tienen plantas de producción en nuestro país.

 

En México todos los grupos productores tienen defensores dentro de la clase política. Pero los consumidores, que somos todos, no tenemos a nadie. Lo peor de todo es que los argumentos que se utilizan para el proteccionismo son falsos. Se nos dice, por ejemplo, que donde no hay proteccionismo hay desempleo; pero la experiencia internacional nos demuestra que, al contrario, los países con menos proteccionismo tienen menores tasas de desempleo. Y por supuesto, menores precios y un mejor nivel de vida. Pero eso a los políticos poco les importa.



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