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Dic 11, 2005
Adolfo Gutiérrez

Reflexiones económicas sobre el año que termina

Aunque damos pasitos en la dirección correcta, el verdadero salto es crecer. Pero igualmente probable es dar el salto para adelante que para atrás.

El presente año llega a su fin y es buen momento para reflexionar sobre lo que hicimos o dejamos de hacer y de alguna manera bosquejar el futuro, aunque éste no sea necesariamente una extensión del presente.

 

El verdadero desafío de México, tan importante como urgente, es el crecimiento económico, alto y duradero. El crecimiento sostenido no es una necedad de los tecnócratas; es el medio más eficaz para que las personas logren efectivamente abandonar la pobreza; es una producción real de oportunidades reales.

 

De enero a septiembre de este año el crecimiento económico fue de 3 por ciento, y podemos esperar –aún contando los efectos negativos sobre la producción ocasionados por los desastres naturales, lo cuales, por cierto, no pueden ser tan graves como han previsto varios analistas- que la expansión económica durante todo 2005 esté alrededor de 3.5 por ciento. A pesar del desempeño más vigoroso –prueba de que estamos en plena recuperación- que ha mostrado el comercio exterior, el empleo, el consumo privado y la inversión en los últimos meses, francamente se antoja imposible el 7% que nos prometieron para el próximo año, último de este sexenio.

 

Si bien es cierto que nos tocó la de malas con la desaceleración estadounidense de 2001 y que ya vamos de salida, también es cierto que no podemos aspirar a crecer más allá de un 4% al año en condiciones “normales”. El asunto es que para crecer a un 7 por ciento y alcanzar la máxima generación de oportunidades para las personas necesitamos remodelar a fondo nuestra casa, hacer cambios fundamentales en materia fiscal, laboral y energética que incentiven la creación de riqueza, liberen la iniciativa de las personas y desencadenen el potencial productivo de México. Por ahora, el desempeño de nuestra actividad económica depende prácticamente de la suerte de nuestros vecinos del norte, pues recordemos que 80 por ciento de nuestro comercio total con el mundo, que representa 60% del PIB, es con ellos. Dada tal integración comercial con Estados Unidos y la ausencia de reformas estructurales, el desempeño de la producción mexicana depende cada vez más del ciclo económico estadounidense: En los últimos 14 años ambos países han aumentado su producción en por lo menos 50 por ciento, y han experimentado una tasa de crecimiento anual de 3% en promedio.

 

Así que en el mediano plazo y con una visión positiva, es de esperar que la economía mexicana continúe con un crecimiento promedio del 3.5 al 4.0 por ciento anual, manteniendo su trayectoria con la expansión norteamericana.

 

No obstante que estamos amarrados a un crecimiento mediocre, sí hemos avanzado en la dirección correcta para profundizar los mercados y acercarlos a los individuos, algo que sinceramente hay que reconocerle a la actual administración.

 

Primeramente, el constante compromiso por abatir la inflación y el manejo responsable de las finanzas públicas –que podemos ver como dos caras de la misma moneda- han consolidado la estabilidad macroeconómica necesaria para el desarrollo. Mantener la estabilidad es como mantener nuestra casa en orden, y mantener nuestra casa ordenada es lo primero que necesitamos si queremos remodelarla o si queremos que otros se interesen por apoyarnos.

 

Gracias a la consolidación de la estabilidad macroeconómica, México es hoy un destino seguro para los capitales foráneos y domésticos: El riesgo país –la diferencia entre las tasas de interés de México y Estados Unidos- ha llegado a sus niveles más bajos en toda la historia, el peso se ha fortalecido 5% respecto al dólar en 2005, las tasas de interés han promediado 9.2% en el mismo año, el mercado de valores alcanza los más altos niveles ganando más de 35% en lo que va del año, las reservas internacionales suman casi 67 mil millones de dólares, el déficit en las cuentas externas está totalmente cubierto por la inversión de largo plazo, la inflación está por debajo de 3% –y promete estar bien controlada en el futuro cercano- y las finanzas públicas están equilibradas y blindadas ante eventualidades externas.

 

La reducción del costo financiero de la deuda pública ha ocasionado un ahorro por más de 338 mil millones de pesos (4% del PIB), y el exitoso proceso de intercambio de deuda pública externa por interna (la oferta de warrants, por ejemplo) manifiesta la total confianza de los inversionistas en el peso mexicano y la desacreditación de un descalabro financiero próximo. Hoy el gobierno mexicano puede emitir deuda en pesos a 5, 10, 20 (y próximamente a 30) años, algo que era imposible hace apenas una década.

 

El sector público ha dejado de absorber una gran cantidad de recursos de los mercados financieros: En el año 2000 el Gobierno demandaba 66 pesos de cada cien pesos disponibles para prestar; hoy, en cambio, sólo requiere 14 pesos. En otras palabras, ahora el sector público deja más recursos para las personas y a un menor costo que en el pasado.

 

En efecto, ahora hay más dinero para la gente: El crédito al consumo y a la vivienda han observado una expansión anual de 44.5 y 45.1 por ciento respectivamente. Así, las familias mexicanas han tenido la oportunidad de adquirir un crédito para aumentar su patrimonio o para comprar herramientas y equipo para sus negocios. Nada más entre 2001 y agosto de 2005 se otorgaron dos millones de créditos para la adquisición de vivienda, lo que representa un incremento de aproximadamente 160% respecto del promedio de los primeros cuatro años de las cuatro administraciones pasadas. El crédito a la vivienda, que en el año 2000 equivalía a sólo 0.9% del PIB, hoy ya representa 2.8%.

 

En lo que respecta al marco institucional este año también dimos pasos importantes en la dirección correcta, como la aprobación de la nueva Ley del Mercado de Valores, que pretende profundizar dicho mercado para darle mayores opciones de financiamiento a las empresas, garantizar una mayor transparencia y proteger eficazmente a los inversionistas, sobretodo a los minoritarios, que ahora son los trabajadores a través de sus cuentas de ahorro en las Afores. Igual es muy posible que, después de tantos años de debatir sobre la necesaria autonomía de instituciones como el SAT, la CONSAR, la CNBV y la CNSF, por fin se lleve a cabo, lo que imposibilitaría que algún día un populista cualquiera echara mano de los recursos de estos órganos para financiar obras faraónicas o construir parques de diversiones.

 

Aunque hemos avanzado, el verdadero reto es crecer. Además, México enfrenta todavía el riesgo de que la nueva administración que iniciará en 2006, base su plataforma política y económica en ideas populistas. Ante este riesgo, la seguridad que el país ofrece a los inversores, así como el atractivo y la confianza de que goza, podrían desvanecerse con el tiempo. En pocas palabras, regresaríamos de nuevo al pasado.

 

Ciertamente la contienda electoral podría generar nerviosismo en los mercados financieros y debilitar el desempeño macroeconómico, pero su impacto podría ser mínimo en el corto plazo, toda vez que se ha blindado eficazmente la economía. Los riesgos de padecer una crisis financiera como las del pasado prácticamente se han desvanecido.

 

Pero en México, las elecciones presidenciales de 2006 dominan la escena económica y legislativa del país. Las reformas estructurales sobre temas prioritarios para el avance del país, seguirán paralizadas con miras a los comicios electorales, y con toda seguridad también después si el candidato triunfador no es Calderón, dado que es el único convencido de ellas.

 

En fin, México ha avanzado en materia económica al consolidar la estabilidad y al manejar adecuadamente las políticas públicas; en materia institucional al fortalecer instituciones y dar alternativas a las personas; y en materia política al lograr llevar a cabo episodios electorales y procesos políticos, sin afectar severamente el ambiente económico. Lo anterior, ha permitido a los inversionistas tener mayor grado de certeza y confianza en el compromiso del gobierno para mantener la estabilidad y la solidez de la economía.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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