Pesos y contrapesos
Feb 7, 2008
Arturo Damm

Del lenguaje (¿mentalidad?) colectivista

¿A qué se refiere Dresser cuando afirma que México “no logra ponerse de acuerdo sobre cómo explotar mejor su petróleo, qué hacer con sus campesinos, cómo modernizar su economía”? ¿Quién es ese México que no se pone de acuerdo, que no sabe qué hacer, que no tiene idea de cómo modernizar?

Leí, en el penúltimo número de Proceso, el artículo de Denise Dresser - ¿Un puente demasiado lejos? - y lo que más me llamó la atención es el lenguaje colectivista en el que está escrito, y a las pruebas me remito, citando su primer párrafo: “México es un país privilegiado. Tiene una ubicación geográfica extraordinaria. Es la décima economía del mundo y cuenta con grandes riquezas naturales. Está poblado por millones de personas talentosas y trabajadoras. Pero no logra ponerse de acuerdo sobre cómo explotar mejor su petróleo, qué hacer con sus campesinos, cómo modernizar su economía. México no sabe si debe aceptar los términos del TLC o renegociarlo. Si debe promover la inversión privada en Pemex o desechar la idea. Si debe combatir los monopolios o aplaudir a los ‘campeones nacionales’ que los controlan”.

 

¿A qué se refiere Dresser cuando afirma que México “no logra ponerse de acuerdo sobre cómo explotar mejor su petróleo, qué hacer con sus campesinos, cómo modernizar su economía”? ¿Quién es ese México que no se pone de acuerdo, que no sabe qué hacer, que no tiene idea de cómo modernizar? ¿Existe ese México o el mismo no pasa de ser una abstracción, porque al final de cuentas quienes existimos somos los mexicanos - ¡ojo: ni siquiera El Mexicano, en singular y con mayúscula, sino los mexicanos, en plural y con minúscula! -,  y habemos de chile, dulce y manteca, de tal manera que hablar de México supone, además de una abstracción, una homogeneización que, ¡por fortuna!, no corresponde a la realidad.

 

Centro la atención en los campesinos. ¿Qué supone afirmar, como lo hace Dresser, que México no sabe “qué hacer con sus campesinos”? ¿Que los mismos están allí a disposición de “México”, a la espera que éste decida qué hacer con ellos? La idea de que “México” debe hacer algo con sus (¿sus?, ¿suyos?, ¿de su propiedad?) campesinos, ¿no resulta, por decir lo menos, insultante? ¿Qué opinaría Dresser de la siguiente afirmación: “México no sabe qué hacer con sus profesores de ciencia política”, entre los cuales se encuentra ella? Si sustituimos profesores de ciencia política por catedráticos de economía, entre los cuales me encuentro yo, la afirmación me resultaría, para empezar, insultante y, para terminar, amenazante. ¿Quién es (suponiendo que para tales efectos fuera), México para decidir qué hacer conmigo? Suponiendo que algún campesino haya leído el mentado artículo, ¿qué habrá pensado al respecto?

 

Afirma Dresser que México no sabe si debe, o no, aceptar los términos del TLC; si debe, o no, promover la inversión privada en Pemex; si debe, o no, combatir los monopolios. El hecho es que habemos mexicanos que estamos a favor del TLC tal y como fue redactado; que estamos a favor de la inversión privada en Pemex, y que apoyamos la lucha contra los monopolios, gubernamentales o privados. Habemos mexicanos que sí sabemos qué se debe hacer en cada uno de los casos señalados por Dresser, de la misma manera que hay mexicanos que opinan exactamente lo contrario, por lo cual la afirmación de que México no sabe si debe, o no, aceptar los términos del TLC; si debe, o no, promover la inversión privada en Pemex; si debe, o no, combatir los monopolios, es falsa, producto del lenguaje (¿mentalidad?) colectivista.

 

Si por afirmaciones como México no sabe si debe, o no, aceptar los términos del TLC, debemos entender que ningún mexicano sabe si se debe o no aceptar el tratado, la afirmación es falsa: habemos muchos mexicanos (supongo que comenzando por Dresser), que sí tenemos una opinión al respecto. Sin embargo, en cierto sentido, es verdadera, ya que, efectivamente, México no sabe si debe, o no, aceptar los términos del TLC, por una razón muy sencilla: no puede saberlo, porque México no sabe nada. Quienes sabemos somos los mexicanos, concretos y heterogéneos, lejos de la abstracción y homogeneización de la entelequia colectivista que llamamos México.

 

¡Por favor, recuperemos el individualismo, lo que, en materia del análisis, implicaría ganar en claridad!



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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