MIÉRCOLES, 14 DE DICIEMBRE DE 2005
El fin de la transición

Según usted, ¿cómo le está yendo a la economía mexicana?
Muy bien
Bien
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Mal
Muy mal



El punto sobre la i
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.”
Viktor Frankl


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“El problema de México es que ni a nivel del oficialismo u oposición se tiene la convicción de querer enterrar el pasado.”


Comparemos nuestro país con otro modelo de análisis político económico del que podemos aprender mucho: Chile. Si bien la declinación en las encuestas de la candidata oficialista ha sido la variable política mas mencionada en el último mes, es importante destacar otra característica mas relevante y de mediano-largo plazo: tanto Bachelet como Piñera señalan a la economía de mercado como la variable principal para entender el exitoso desempeño chileno de los últimos 15 años. A su vez, hacen similar hincapié en la mala distribución del ingreso como el principal problema de esta notable experiencia democrática y liberal en Chile.

 

Es importante hacer esta salvedad en este marco, ya que la campaña electoral mexicana transita por otras vías. En realidad, resulta difícil hacer un diagnóstico claro de cuales son los paradigmas intelectuales que guían el accionar de los candidatos presidenciales mexicanos. Por lo general, resulta necesario siempre, hacer una simplificación de la realidad. Si Calderón afirma con vehemencia que de todas todas, se deslinda del proyecto foxista, pues más que de un estilo de gobernar, deberíamos preocuparnos entonces, si a nivel del plan de gobierno del partido oficialista alguien más traerá a colación el tema de las Reformas Estructurales. Madrazo, por otra parte, comienza a presentarnos una retórica interesante, introduciendo términos como fortaleza, desarrollo, crecimiento, balance ideológico pero, ¿estaremos entiendo lo mismo? ¿La futura hegemonía de un partido con fortaleza a nivel del Ejecutivo con la capacidad para reformar el país? O, pensando lo peor, ¿contemplamos el posible retorno de esquemas dirigidos a nivel económico? Por último, López Obrador preocupa, preocupa que no haya mostrado el color de sus garras aún.

 

Independientemente del resultado del próximo 2 de julio, el nuevo gobierno re-significará la reiterada mención sobre el fin de la transición. En mi opinión, su principal significado se debe asentar sobre la las inconclusas reformas y el definitivo colapso político, legal y moral del antiguo Régimen. Sin embargo, la dimensión de la etapa post transición la reconfiguran la nueva coalición electoral que se articulará, tanto en el oficialismo (cualquiera éste sea) y en la oposición. El problema de México es que ni a nivel del oficialismo u oposición se tiene la convicción de querer enterrar el pasado. Las diferencias siguen siendo de forma, y las ventanas de oportunidad se cierran, ante un liderazgo político que se preocupa por el cómo llegar y no, por, el cómo le voy a hacer…


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