Interamérica hoy
May 7, 2008
Mañanita Ochoa

Evoluciones y revoluciones

Algunas revoluciones no son naturales y deben ser evitables. ¿Para qué producir descalabros en la economía y en las relaciones humanas que no van a conducir a una sociedad más productiva y coherente?

Arlington, Virginia (AIPE)- La naturaleza está siempre en proceso de evolución y adaptación, pero de vez en cuando el proceso es víctima de cambios estructurales violentos que producen discontinuidades peligrosas. Los fenómenos telúricos –terremotos, marejadas, tormentas asesinas– y los seres humanos que nacen con cola de cochinito y cachos de diablo son ejemplos revolucionarios de la naturaleza. Aunque las revoluciones son muy costosas, por su violencia, destrucción y efecto sobre las primas de las compañías de seguros y la fluctuación de precios que tanto atormentan a los consumidores, las revoluciones son tan inevitables como las explosiones volcánicas. Pero algunas revoluciones no son naturales y deben ser evitables. ¿Por qué producir sustos y sobresaltos en los niños, cuando se les pueden cantar canciones de cuna para que duerman bien y sean productivos en el colegio al día siguiente? Esta es la función principal de padres abnegados y dignos. ¿Para qué producir descalabros en la economía y en las relaciones humanas que no van a conducir a una sociedad más productiva y coherente?

 

Por lo que se ve en Venezuela, y en otros países donde aparecen gobiernos revolucionarios, la pobre población entusiasmada por la posibilidad de un milagro "revolucionario" termina, como quien dice, sin el chivo y sin el mecate.

 

Las magníficas "misiones" que entraron barrio adentro y nos ilusionaron con la posibilidad de llevar servicios médicos básicos a nuestra necesitada población han fracasado en una gran mayoría, con excepción de una que otra que mantenemos en vitrina para incautos compradores de revoluciones. Me dicen que hay más de 1,800 médicos cubanos que han huido de su empleo revolucionario. Y algunos de esos traidores oportunistas están ya probando suerte en Miami y Santo Domingo, en donde las cosas funcionan mejor que en “barrio adentro”.

 

Lo triste es que por ser revolucionarios hemos destruido la poca capacidad de prestar servicios médicos básicos a través del Ministerio de Sanidad y los Seguros Sociales. Vacunaciones, tratamientos de disentería y deshidratación en los niños, medicina básica que aplicada a tiempo salva vidas, ya no se hacen porque la famosa revolución ha truncado la evolución y funcionamiento de las instituciones que teníamos antes. Serían malas o mediocres, pero existían y funcionaban mal que bien. Por lo menos no nos atacaban pestes bubónicas y habíamos erradicado el paludismo y la polio.

 

Hoy día, los venezolanos estamos vulnerables a cualquier plaga o epidemia conocida porque no tenemos ni mercurocromo. La escasez de medicinas y médicos venezolanos es tan grande que la prevención y tratamiento médico de pobres y ricos por igual están colapsados.

 

A mí que me den evoluciones y no revoluciones. Las revoluciones se las regalamos a los franceses que han hecho un mito de ellas, pero con el mito se han conformado por 200 años. ¡Una vez y más nunca! Cantan ahora al son de La Marsellesa, particularmente después de que la Revolución Francesa mató a más gente que las pestes medievales. Esa revolución les trajo las guerras Napoleónicas que convirtieron a un soldado competente y audaz en un emperador insoportable, que terminó vencido y desterrado en Santa Helena. Hubiera sido mejor que Napoleón, el guerrero, se hubiera limitado a escribir el Código Napoleónico. Pero nadie es perfecto. Por eso es que son siempre mejores las evoluciones paulatinas que las revoluciones altaneras, confusas y destructivas.

 

___* Analista venezolana.

© www.aipenet.com

 

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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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