VIERNES, 30 DE DICIEMBRE DE 2005
México se está convirtiendo en la próxima Colombia

¿Se debe utilizar una parte de las reservas del Banco de México para financiar la reconstrucción?
No
No sé



“Existe una tiranía en el vientre de cada utopía.”
Bertrand de Jouvenel

Ted Galen Carpenter









“Más temprano que tarde, Washington tendrá que cambiar sus desacreditadas y fracasadas políticas. De continuar prohibiendo las drogas, la corrupción y violencia sufrida por Colombia se apoderará de México.”


Washington (AIPE)- México es un suplidor importante de heroína, marihuana y metanfetaminas al mercado de Estados Unidos, lo mismo que el principal lugar de tránsito y distribución de la cocaína proveniente de Sur América. Hay crecientes indicaciones de que la colombianización de México se está volviendo realidad.

 

Esa trágica situación es el resultado directo de la política de Washington de prohibición de las drogas. Una estrategia prohibicionista inevitablemente crea inmensos márgenes de utilidad en el mercado negro de drogas ilegales. Ese inmenso potencial de ganancias también atrae a los delincuentes y criminales más violentos. Es una realidad que cuando se prohíben las drogas, sólo los delincuentes comercian con ellas.

 

Si México sigue los pasos de Colombia, las consecuencias para EEUU serán mucho más severas. Colombia está relativamente alejada, pero con México compartimos una larga frontera y estamos cercanamente ligados a través de NAFTA. El caos en ese vecino país ya se está desbordando sobre la frontera e impactará negativamente a los estados del suroeste.

 

En 1999, Thomas Constatine, entonces director de la DEA (agencia anti-drogas) declaró al Congreso que el poder de los narcotraficantes mexicanos había crecido geométricamente durante los cinco años anteriores y que la corrupción en ese país no tenía paralelos. Desde entonces, la situación ha empeorado.

 

Hay evidencia de que los narcotraficantes mexicanos administran las rutas de exportación de las drogas colombianas y que están inclusive desplazando a los colombianos en América del Sur.

 

Es cierto que México no confronta poderosos grupos guerrilleros ni sectores políticos mexicanos buscan el negocio de las drogas para financiar sus causas. Pero las similitudes son mayores que las diferencias y Washington ha sido lento en reaccionar.

 

Hay casi una docena de organizaciones de narcotraficantes en México, de las cuales cuatro son especialmente poderosas: el Cartel del Golfo, bajo Osiel Cárdenas; el Cartel de Sinaloa, bajo Joaquín “el Chapo” Guzmán; el Cartel de Tijuana, bajo la familia Arellano Félix y el Cartel de Juárez, bajo Vicente Carrillo. Ultimanente hay indicaciones de una alianza entre los carteles del Golfo y Tijuana para combatir al de Sinaloa.

 

Los matones contratados por los carteles provienen cada vez más de un grupo élite del ejército mexicano, Grupo Especial de la Fuerza Móvil Aérea, conocidos como Zetas. La mayor violencia ocurre en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, donde el gobierno central suspendió en junio a toda la policía de la ciudad, reemplazándolos con policías federales. A pesar de ello, la criminalidad siguió aumentando. La corrupción policial no es nada nuevo en México: hace más de diez años, el comandante de la policía nacional fue detenido con 2,4 millones de dólares en su automóvil y luego fue condenado por pagar 20 millones de dólares para proteger a uno de los jefes del narcotráfico. A mediados de los 90 fue nombrado zar de la drogas al general José de Jesús Gutiérrez Rebollo, quien tres meses más tarde fue encarcelado por recibir sobornos. Con los años eso sólo ha aumentado. En octubre del año pasado 600 militares del batallón 65 de infantería fueron investigados por sus conexiones con el Cartel de Sinaloa.

 

La corrupción se extiende al sistema penitenciario. Este año salió a la luz pública que los jefes del narcotráfico seguían manejando sus negocios desde la cárcel y se teme que traten de asesinar al presidente Fox.

 

No hay ninguna institución mexicana fuera del alcance de los jefes del narcotráfico. Se dice que hasta la Iglesia Católica ha recibido contribuciones de conocidos narcotraficantes. El obispo Ramón Godinez de Aguascalientes declaró en octubre que “sólo porque el origen de las donaciones es malo no significa que tienes que quemarlas… el dinero se purifica al entrar por las puertas de la parroquia”.

 

Otro parecido con Colombia es que los narcotraficantes mexicanos se están dedicando a otras actividades lucrativas como el secuestro. De hecho, algunos reportajes recientes indican que los secuestros se han convertido en México en un problema más grande que en Colombia.

 

Se estima conservadoramente que el narcotráfico es un negocio de 300 mil millones de dólares al año y EEUU es el principal consumidor. Esperemos que no crezca en México como en Afganistán, donde el narcotráfico equivale a dos terceras parte de la economía nacional legal.

 

Desde que Fox asumió la presidencia de México en 2000 se han efectuado más de 36 mil detenciones por narcotráfico. Pero eso condujo en Colombia a que dos grandes carteles se descentralizaran, convirtiéndose en unos 300 grupos pequeños.

 

Más temprano que tarde, Washington tendrá que cambiar sus desacreditadas y fracasadas políticas. De continuar con su estrategia prohibicionista, la corrupción y violencia sufrida por Colombia se apoderará de México. Los políticos y funcionarios norteamericanos tienen que preguntarse si quieren el riesgo de otra Colombia en nuestra frontera sur.

 

___* Vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior, Cato Institute.   © www.aipenet.com

 


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