MIÉRCOLES, 30 DE JULIO DE 2008
Precio único: Entre lo moral y lo legal (I)

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El punto sobre la i
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.”
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Arturo Damm







“¿De qué se trata? De una ley injusta, que viola la libertad del vendedor de libros para ofrecerlos al precio que considere más adecuado, razón por la cual elimina al precio como factor de competitividad, en contra de los intereses de los lectores.”


Con el precio único la ley me obliga a vender mis libros al precio que establezca el editor, lo cual viola mi libertad para comerciar, no por impedirme vender lo que es mío, pero sí por obligarme a venderlo a un solo precio, determinado no por mí, sino por otro, como si vender al precio que uno considera el adecuado para maximizar el ingreso fuera un delito que, por serlo, debe de ser prohibido por la ley y castigado por la autoridad.

 

Ofrecer libros, al precio que el oferente considera el más adecuado, ¿es una acción delictiva por su propia naturaleza? No, de ninguna manera, y sin embargo en México ya es un delito porque así lo define la Ley de Fomento a la Lectura, en cuyo artículo 22 leemos que “el editor o importador fijará libremente el precio de venta al público que regirá como precio único”, al tiempo que en el 23 se afirma que “los vendedores de libros al menudeo deben aplicar el precio único de venta al público sin ninguna variación” para concluir señalando, en el 27,  que “las acciones para detener y reparar las violaciones al precio único (…) pueden ser emprendidas por cualquier competidor, por profesionales de la edición y difusión del libro, así como por autores o por cualquier organización de defensa de autores”, siendo que “dicha defensa se llevará a cabo por vía jurisdiccional y en su caso por medio de arbitraje para lo cual el consejo (el Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura) podrá actual como perito”.

 

¿De qué se trata? De una ley injusta, que viola la libertad del vendedor de libros para ofrecerlos al precio que considere más adecuado, razón por la cual elimina al precio como factor de competitividad, en contra de los intereses de los lectores. ¿Qué tenemos? A los legisladores inventando delitos (en este caso ofrecer un libro a un precio distinto al precio único), siendo que no hay acción más amenazante de la libertad individual y la propiedad privada que la invención de delitos de parte de los legisladores. ¿Qué hacer?

 

Cito a Federico Bastiat quien, en su libro La Ley, señala lo siguiente: “Cuando la ley y la moral se contradicen, el ciudadano se encuentra ante la cruel alternativa de perder la noción de moral o perder el respeto a la ley. Dos desgracias igualmente grandes entre las cuales es difícil elegir”, elección ante la cual, en mi calidad de vendedor de libros, me encuentro. La ley me prohíbe vender mis libros al precio que considere más adecuado para maximizar el ingreso por la venta de los mismos, al tiempo que la moral me indica, ¡categóricamente!, que dicha oferta no tiene nada de malo, razón por la cual la mentada ley resulta injusta, lo cual me lleva a la pregunta central de todo este asunto: ¿qué hacer ante una ley injusta? ¿Cumplirla? ¿Violarla?

 

Cumplir una ley injusta implica, o cometer una injusticia, o permitirla, siendo que cualquiera de las dos opciones atenta contra la ley moral. Violar una ley injusta significa, o no cometer, o no permitir, una injusticia, siendo que cualquiera de las dos alternativas respeta la ley moral. Ante la ley injusta, ¿qué hay que hacer? ¿Respetarla? ¿Violarla?

 

Cito, para terminar, de nueva cuenta a Bastiat: “Lo más seguro para que las leyes sean respetadas es que sean respetables”. La ley del precio único, ¿es respetable?

 

Continuará.

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