JUEVES, 18 DE SEPTIEMBRE DE 2008
Una tormenta total

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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El punto sobre la i
“El efecto natural del comercio es el de llevar a la paz. Dos naciones que comercian entre sí se hacen recíprocamente dependientes.”
Juan Pablo Viscardo y Guzmán


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“¿Por qué Bear Stearns sí, y Lehman, con más de 600 mil millones en deuda total, no?”


En medio del “puente de independencia,” de gritos y otros gritos en la plaza central de la capital mexicana, mientras enfocamos nuestras atenciones en la celebración acostumbrada, el mundo, entre tanto, ha observado uno de los momentos financieros más dramáticos en la historia moderna.

 

El 2008 está siendo caracterizado como un desastre financiero equivalente al 11 de septiembre. La crisis hipotecaria, el ajuste negativo en los mercados crediticios, la toma de Fannie Mae y Freddie Mac, el rescate de la firma de inversión Bear Stearns, resultaron ser sólo la antesala de un ajuste mayor, con el pánico correspondiente: la bancarrota de Lehman Brothers, la compra de Merrill Lynch por Bank of America, la búsqueda de recursos por parte de AIG, y ahora, quizá en un futuro demasiado cercano, algún destino similar para otros gigantes de Wall Street, como Goldman Sachs y Morgan Stanley.

 

Habrá que ver si la Reserva Federal cumple con su cometido de no bajar más las tasas de interés. En el 2003, hace tan sólo cinco años, estas llegaron a 1%, ante el temor de un episodio de deflación estructural. ¿Habrá nuevas excusas, dado el panorama de las nuevas presiones inflacionarias?

 

Lo extraño de esta brutal crisis financiera es que los ajustes y desajustes son, casi en su totalidad, motivados por la economía financiera, no la economía real. Es decir, los llamados “fundamentales” no justifican el pánico, el tamaño del ajuste en los mercados de la economía financiera global, que se ha desatado este año—y sobre todo, el ajuste bestial que se ha observado en los últimos tres meses.

 

No quisiéramos decir que “no es para tanto.” Sí lo es, pero el problema principal de la economía real (el espectro de una estanflación, una presión inflacionaria combinada con una contracción de la actividad económica) es un animal diferente, una bestia con otro color, a la bestia de ajuste y desajuste instantáneo en los mercados de capital. Y, sin duda, esta última puede coincidir, hasta alimentar, la fuerza de la primera.

 

Una interpretación del rescate que la “Fed” había realizado de Bear Stearns es que sentaba un antecedente peligroso de riesgo moral, en el sentido que la institución central estaría obligada a rescatar a firmas de inversión de dimensiones tan grandes, y con ello, subsidiar la toma de riesgos peligrosos de inversión, y su eventual socialización. En otras palabras, habría una llave sin fondo a los jugadores más importantes de la banca global.

 

No fue así, ni con Lehman, ni con Merrill, aunque persiste el antecedente. Ahora la pregunta es: ¿Por qué Bear Stearns sí, y Lehman, con más de 600 mil millones en deuda total, no? ¿Y qué pasara cuando otros similares pidan un apoyo similar? Una consecuencia inmediata es que, todas las instituciones que mantengan activos de Lehamn en su base de capital, se verán obligados a liquidarlos de su balance, lo que a su vez generará desajustes en otras relaciones de deuda-capital. Los costos de créditos a terceros, aun con una nueva ola de recortes en la tasa federal, tenderán a subir.

 

Pero el problema de rescatar en forma indiscriminada a la cuarta firma más grande de inversión en el mercado estadounidense, después de los antecedentes establecidos, es que confirmaría la expectativa de riesgo moral que los poderes federales rescatarían toda toma de riesgo en el sistema financiero—a costas de los contribuyentes.

 

Algo tenía que pasar. Lo que se ha dado es dramático. Pero parecería que falta, todavía, el clímax de la tormenta total.

• Crisis / Economía internacional

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