MIÉRCOLES, 8 DE OCTUBRE DE 2008
777, 700,000,000,000… ¿qué más?

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“En México podemos tener moneda de plata. Una moneda sólida, con valor propio y no definido por autoridades intervencionistas, reservas federales o bancos de México.”


El New York Stock Exchange se tiró el mayor clavado de su historia, con una baja a cual más cabalística de 777 puntos en una sola jornada. Jamás había bajado tanto de un solo jalón. Los mercados de todos los continentes se volvieron locos.

 

El triple siete financiero será un deleite para los cabalistas. Día histórico, de esos que se leerán en los textos con semejante interés al de un martes negro, 29 de octubre de 1929. Los historiadores recordarán que un 29, pero de septiembre de 2008, otro día negro (ahora lunes), Wall Street se derrumbó 777 puntos luego de que la Cámara de Representantes dijo no a un Fobaproa Potomac style.

 

Finalmente dijo sí. Lo que el lunes era inadmisible, el viernes se convirtió en ley. Pero el siguiente lunes —ya en octubre— los mercados mundiales se echaron nuevamente al suelo, a pesar de que ese viernes el presidente Bush había firmado por 700 millardos de billetes verdes virtuales. Todo a costa de los contribuyentes. Un 6% del producto del país que más produce en el mundo.

 

¿Quién dirá que lo financiero es aburrido? Otro lunes negro, y de octubre, comenzó la caída de 1987. Y hay que anotar otra cábala: el crack de 2002 duró 999 días…

 

Los números son más que cábala; reflejan realidades. Y también expresan sueños, que de tan irreales se convierten en pesadillas. Los números miden la realidad pero siempre están sujetos a interpretación. ¿No se dice con razón que las mayores y más frías mentiras son las estadísticas? Como todo lo humano es interpretación, los bribones interpretan los números como les conviene. Venden el fraude como prosperidad y la deuda como enriquecimiento, para mal de millones y millones de incautos.

 

Esto preludia un cataclismo mundial, profundo y duradero. Una gran purga. Saludable, pero no agradable. Una gran vomitona, indispensable para expulsar del cuerpo lo que le sobra para restaurar el equilibrio largamente pospuesto. Hoy queda muy claro: no fue una burbujita de las que se curaban con Sal de Uvas Picot. Es una tremenda cruda, luego de una borrachera deliciosa. Lo que viene no será un espectáculo hermoso, pero sí muy interesante. Aleccionador. Largamente esperado, temido, advertido. Nunca atendido.

 

Toda economía intervenida acaba en desastres así. No es, por ello, crisis del capitalismo sino (como siempre) del intervencionismo. Quien entienda al capitalismo como práctica de la libertad económica, verá que esta crisis financiera y económica está firmemente sustentada en la voluntad de algún interventor gubernamental que pregona la misma patraña: es posible ser rector de la voluntad ajena, y hacerse rico inventando dinero. (Lo cual es rigurosamente cierto, pero para ellos; por eso actúan así. Así se hacen ricos los que conocen el juego. Por algo los ricos más ricos provienen de estas crisis.)

 

Remedio a un trance como este, originado por dinero inventado proveniente de la intervención de un gobierno: inmediatamente entra en acción… ¡el gobierno! Y ¿quién paga? ¡Los contribuyentes! ¡Qué raro!

 

En 1994 Salinas, inflamado de testosterona económica, no quiso devaluar e inventó un truco financiero, los tesobonos, para darle un poco más de gloria a él, y tiempo-oxígeno al régimen priísta. Luego el triunfador Zedillo convirtió esa deuda interna en externa y nos endilgó un Fobaproa. Que seguimos pagando ¡qué raro! los contribuyentes.

 

Cuando recuerden este nuevo Fobaproa de 700 millardos, los historiadores recordarán que durante dos décadas un personaje llamado Alan Greenspan emitió más dinero siendo presidente de la Fed (1987-2006) que todo el emitido de 1776 a 1987. Registrarán que, regulando la oferta de dinero fiduciario, practicaba el argumento socialista de que el Estado tiene que ser rector de la economía (pero Mr Greenspan, otrora discípulo de la enorme escritora libertaria Ayn Rand, se hace llamar capitalista…).

 

La Fed de Greenspan manipuló la economía más potente del planeta vía algo que han defendido los aprendices de brujo económico, desde Diocleciano hasta López Obrador, pasando por Miguel de la Madrid: el control de precios. Del precio del dinero; es decir, de las tasas de interés. El intervencionismo económico más puro y más distorsionador.

 

Para estimular la economía en épocas flojas Greenspan llevaba las tasas de interés bajo la inflación. Y como la gente siempre busca su beneficio, aprovecha lo que le regalen. Pide prestado. Con dinero que no existe y sin garantía de repago, compra casas o cosas chinas que no necesita, para presumir a gente que no conoce y que hace lo mismo. Los bancos entran al jueguito y, como canta Mefistófeles con música de Gounod, Satanás dirige el baile.

 

Así, hasta que la fiesta se acaba. Y comienza la cruda, la purga, la vomitona, la lavativa, la depresión, el llamado a cuentas.

 

La debacle apenas está empezando, para perjuicio de los más y para nuevas comaladas de millonarios que se enriquecerán hasta lo absurdo, pero ahora a dimensión planetaria. Los grandes ricos mexicanos hicieron sus fortunas pescando en un país revuelto, pródigo en crisis económicas, de esas que arruinaron a casi todos los demás entre 1973 y 1995.

 

Desde Newton sabemos que, también en las ciencias sociales, nada se pierde ni se gana: todo se transforma. La ley de la causa y el efecto puede diferirse, pero no admite excepciones. El exceso es antinatural y efímero; todo valle debe llenarse, y toda montaña será emparejada. La sabiduría oriental lo expresa con otros vocablos. Al exceso de un yang corresponde inexorablemente un yin.

 

Es una época prevista por las maldiciones chinas. Una época interesante. Una época diferente. La purga —finalmente— obrará maravillas, para luego caer de nuevo en una nueva borrachera. Errare humanum et idiotum est. Ningún ser sensato —por ejemplo, un animal— se tropezaría siempre en lo mismo, como hacen los planificadores de la economía y los intervencionistas. 

 

¿Remedios? Hay uno muy sencillo. Los mexicanos podemos atenuar las consecuencias de esta debacle que apenas comienza. Podrá ser ahora ocasión para de liberarnos (nunca es demasiado tarde) de la lápida greenspaniana y fraudulenta de la moneda de papel y del dinero-basura; del dinero fiduciario que, finalmente, no existe; de ese papel que acaba valiendo más como celulosa que como moneda.

 

En México podemos tener moneda de plata. Una moneda sólida, con valor propio y no definido por autoridades intervencionistas, reservas federales o bancos de México, ni por capillas de notables que tienen la untuosidad de suponer que sus decisiones son mejores que la voluntad libre de cada ciudadano y cada contribuyente.

 

Por estas fechas la onza está barata, como inversión; y a futuro tenemos en México, ante esta debacle, ocasión para no depender del dinero-basura y tener una moneda concurrente basada en un metal que, en todo sentido, es precioso: onzas Libertad de plata pura.

 

• Crisis / Economía internacional

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