Jaque Mate
Oct 15, 2008
Sergio Sarmiento

Los culpables

¿Tienen nombre los responsables del desplome de los mercados financieros en el mundo?

¿Tienen nombre los responsables del desplome de los mercados financieros en el mundo? La pregunta no es ociosa. Es importante saber qué pasó, para aprender a evitarlo, y quiénes provocaron el colapso, para cuando menos deslindar las responsabilidades históricas.

 

Y sí, la verdad es que sí hay nombres concretos. De hecho, podríamos decir que son dos los principales responsables de un desplome que está generando la mayor pérdida de valor en los mercados financieros en la historia, superior incluso a la producida por el gran crack de 1929, y que provocará desempleo y miseria en proporciones inimaginables en los próximos meses o incluso años.

 

Uno de los responsables se llama George W. Bush y es todavía presidente de los Estados Unidos de América. El otro es Alan Greenspan y fue durante años presidente de la Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos.

 

¿Por qué ellos? ¿Acaso no tuvieron también la culpa los banqueros que otorgaron las hipotecas que hoy no se pueden cobrar? ¿Y los reguladores que no establecieron condiciones más estrictas para la operación en los mercados? ¿Y los financieros que bursatilizaron las hipotecas y las colocaron en los mercados, haciendo que el colapso, cuando vino, no se quedara nada más en las hipotecarias?

 

Hay mucha culpa por repartir, quizá, pero la verdad es que quienes crearon las condiciones que permitieron que todos los demás actuaran como lo hicieron fueron precisamente quienes definieron la política fiscal y la monetaria en los Estados Unidos en los últimos años.

 

El presidente Bush heredó un superávit de presupuesto de su predecesor Bill Clinton, pero lo transformó en un enorme déficit de presupuesto en muy poco tiempo. Pero no sólo eso, sino que ocultó buena parte de ese faltante. El gasto de la intervención militar en Iraq, que fue uno de los factores más importantes en la situación, fue manejado en una contabilidad aparte, precisamente para que las cifras del déficit no asustaran a los mercados. Lo más curioso del caso es que Bush es miembro del Partido Republicano y supuestamente es un “conservador” en lo económico. En materia presupuestaria, sin embargo, se comportó como el más irresponsable de los populistas.

 

Greenspan, presidente de la Reserva Federal durante muchos años, mantuvo una política monetaria abiertamente expansiva a lo largo de buena parte de su mandato. Esto significaba que las tasas de interés estuvieron durante años en niveles negativos, por debajo de la inflación. Si alguien se tomaba la molestia de ahorrar, era solamente para perder el dinero de manera gradual en los bancos, ya que la tasa de interés no compensaba la pérdida de poder adquisitivo de la moneda. En cambio, los bajos intereses incentivaban el gasto excesivo y el endeudamiento. En el caso de los préstamos hipotecarios, el gobierno promovía todavía más la contratación de deuda al permitir la deducción de los intereses del impuesto sobre la renta. No es de sorprender que en estas condiciones el ahorro en Estados Unidos haya sido a menudo negativo. Los estadounidenses simplemente gastaron más de lo que tenían. Ése fue el origen de la crisis.

 

Los problemas de la economía de la Unión Americana se contagiaron al mundo a través de un déficit de cuenta corriente igualmente responsable. Los estadounidenses estaban dispuestos a comprar todo lo que produjera el mundo, lo cual generaba un faltante en sus intercambios con el exterior. Pero los gobiernos de otros países del mundo estaban dispuestos a comprar bonos del Tesoro estadounidense para mantener sus exportaciones. Al final se trataba, sin embargo, de un castillo de naipes que no podía sostenerse.

 

Las crisis no ocurren sólo porque sí. El ciclo de la economía, con sus períodos de crecimiento y de recesión, es inevitable. Pero para tener un desplome como el que estamos viendo se necesita aplicar políticas irresponsables. Y esto fue lo que hicieron los dos culpables: Bush y Greenspan.

 



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