MARTES, 10 DE ENERO DE 2006
Los emprendedores

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“La inflación no es una catástrofe de la naturaleza ni una enfermedad. La inflación es una política.”
Ludwig von Mises

Llewellyn H. Rockwell, Jr.









“Los emprendedores son individuos que gozan de un juicio especulativo superior y están dispuestos a dar el salto en el vacío para comprobar que su percepción del futuro es correcta.”


Auburn, Alabama (AIPE)- Al economista Ludwig von Mises no le gustaban las referencias al “milagro” del mercado o la “magia” de la producción, ni cualquier otra sugerencia de que el sistema económico depende de algún poder más allá de la comprensión humana. Conviene más bien que la gente esté consciente por qué los mercados logran niveles impresionantes de productividad que permiten el crecimiento poblacional y cada vez mejores niveles de vida.

 

No hubo un “milagro” alemán después de la Segunda Guerra. Mises sostenía que esa gloriosa recuperación fue el resultado de una lógica económica operando a través de las fuerzas del mercado. Una vez que comprendemos la relación entre derechos de propiedad, precios de mercado y la división del trabajo desaparece el misterio y observamos a la ciencia de la acción humana logrando extraordinarios avances.

 

Todos los que laboran en el mundo de los negocios saben que se requiere prever el futuro para seguir operando. La realidad del mercado es que los clientes pueden cerrarte mañana. Lo único que tienen que hacer es dejar de comprar tus productos o servicios. Esto es así tanto para los negocios minúsculos como para las grandes empresas. No hay certeza en el mundo empresarial. Todas las empresas que operan en un mercado libre están a un paso de la quiebra. Nadie tiene el poder de hacer que la gente compre lo que vendemos y todo éxito puede ser pasajero.

 

El éxito produce ganancias, pero eso no da seguridad a largo plazo. Toda ganancia que se distribuye entre los accionistas podría ser invertida en el futuro de la empresa. Pero esas inversiones tampoco son seguras. El éxito de hoy puede tornarse en el fracaso de mañana. Lo que aparenta ser una inversión sólida puede convertirse en una moda pasajera. Lo que las ventas de ayer parecen indicar puede convertirse mañana en un mercado saturado.

 

Aunque no hay mapas que nos digan por dónde debemos avanzar, el empresario tiene que dibujar su propio mapa. Tiene que emplear y pagar a sus colaboradores por bastante tiempo antes de poder comenzar a vender su producto y mucho antes de percibir una ganancia. La maquinaria y equipos deben ser adquiridos previamente y luego mantenidos apropiadamente, por lo cual el empresario tiene que pensar en sus costos de hoy, de mañana y de siempre.

 

La publicidad sigue siendo un arte más que una ciencia y sólo tardíamente se llega a saber si se han estado malgastando en ella fondos requeridos en otra parte. No hay camino asegurado al éxito porque jamás se podrán controlar todos los factores involucrados. Hasta las más exitosas empresas no llegan a estar totalmente seguras de qué es lo que logra vender más que sus competidores: ¿precio, calidad, situación geográfica, publicidad, promociones, asociaciones psicológicas que el comprador hace con nuestro producto o qué?

 

En los años 80, Coca Cola decidió cambiar su fórmula y promover una Nueva Coca Cola. Fue una catástrofe. Los consumidores le dieron la espalda, a pesar de que a la gente supuestamente le gustaba más el nuevo producto.

 

Si la experiencia histórica es tan difícil de descifrar, piense cuánto más difícil es predecir el futuro. Mises mantenía que “lo que distingue a un empresario y promotor exitoso de los demás es precisamente el hecho que no se deja guiar por lo que lo rodea, sino que actúa según su propia concepción del futuro. El ve el pasado y el presente igual que los demás, pero evalúa el futuro de manera diferente”.

 

Por eso es que la mente empresarial no se logra con entrenamiento; es algo que tienen y cultivan ciertos y determinados individuos. No existen comités de emprendedores y mucho menos comités de planificación empresarial.

 

La imposibilidad de que entes gubernamentales operen con espíritu empresarial es una de las muchas razones del fracaso del socialismo.

 

Los emprendedores son individuos que gozan de un juicio especulativo superior y están dispuestos a dar el salto en el vacío para comprobar que su percepción del futuro es correcta. Son esos saltos los que logran mejorar nuestro nivel de vida y el futuro de millones de personas.

 

Que Ludwig von Mises me perdone, pero ese es un “milagro”.

 

___* Presidente del Mises Institute y editor de www.LewRockwell.com

© www.aipenet.com

 


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