Ideas al vuelo
Dic 31, 2008
Ricardo Medina

¿Qué tan lejos debe ir la autoindulgencia?

¿Qué se hará cuando aparezca otro cadáver en algún armario?

Cualquiera de los recientes rescates financieros que hemos presenciado, así como los que presenciaremos en un futuro más o menos próximo, implica que el sistema financiero ha echado mano de una gran dosis de indulgencia para consigo mismo. Esta autoindulgencia con los propios errores y excesos ha estado aparentemente justificada dado que se trata de un ingrediente indispensable para evitar un daño aún mayor; incierto, desconocido, pero que se presume mayor. Si no nos perdonamos esta vez, podríamos destrozar todo el sistema.

 

No es otro el significado de la ya famosa frase “es demasiado grande para dejarlo caer” –“too big to fail”- que se ha esgrimido al demandar recursos públicos para los rescates de casas de bolsa, aseguradoras, bancos de inversión, bancos comerciales y hasta de fabricantes de automóviles.

 

En esta espiral de la autoindulgencia hay varios problemas que perturban, con toda razón, a los contribuyentes y a los observadores más o menos imparciales. Un error obvio ha sido la errática y contradictoria aplicación de la autoindulgencia: ¿Por qué no se rescató a Lehman y sí se fue indulgente con otras instituciones en situación similar?

 

Otro problema ha sido la aplicación de las negociaciones de indulgencia bajo patrones cambiantes; un día se promueve la fusión, otros el rescate directo o algún mecanismo de compra de activos tóxicos a cambio de liquidez. Se trata de una regulación correctiva totalmente discrecional, tal vez necesaria pero chocante: No se sabe ya qué esperar cuando aparezca el siguiente cadáver en algún armario…

 

Y el problema de fondo: El ardid de la autoindulgencia alimenta lo que se ha llamado en inglés “riesgo moral” (“moral hazard”) y que podríamos describir, en buen español, como pedagogía de la irresponsabilidad.

 

Al respecto, Tyler Cowen, profesor de economía de la Universidad George Mason en Fairfax, Virginia, recordó el sábado en The New York Times que esta crisis tuvo un antecedente hace 10 años: El rescate del fondo de cobertura Long Term Capital Management que parecía entonces, 1998, “demasiado grande” para dejarlo caer (aunque hoy nos parecería “demasiado pequeño” para considerar su rescate).

 

Es lo malo de la autoindulgencia: Uno sabe tal vez cuándo empieza pero nunca sabe cuándo, ni cómo, poner un “hasta aquí llegamos”.



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