Jaque Mate
Ene 13, 2009
Sergio Sarmiento

Programa contra la recesión

La aplicación de medidas para estimular la economía era indispensable.

Durante mucho tiempo pudimos ver hacia el norte y conmiserarnos de la difícil situación económica que estaba afectando a nuestros vecinos. Nosotros, por supuesto, tendríamos algún catarrito, pero atrás habían quedado los tiempos en que un resfriado en Estados Unidos provocaba una neumonía en México.

 

Hoy ese optimismo ha quedado atrás. Quizá tenemos un déficit de presupuesto menor y no estamos sufriendo un desplome generalizado del sector financiero como el de Estados Unidos o el que tuvimos en 1995. En esta ocasión, por otra parte, la crisis no la hemos provocado nosotros. Pero eso no evitará que afecte profundamente a la economía mexicana.

 

La economía mexicana no ha registrado todavía esos dos trimestres consecutivos de contracción económica que se consideran necesarios para declarar una recesión formal. Pero bien podemos decir que la crisis empezó ya formalmente en diciembre del 2008.

 

Hasta el pasado mes de noviembre, y a pesar de todas las dificultades, la economía mexicana había venido registrando un aumento neto de empleos. En diciembre, sin embargo, se perdieron 327 mil trabajos. Siempre hay una caída importante en diciembre, y sobre todo en la última quincena del mes, conforme las empresas liquidan personal al terminar el año y la temporada navideña. Pero esta caída de diciembre hizo que el 2008 terminara con una pérdida total de casi 30 mil empleos. En lugar de crear el millón de puestos de que nos hubieran permitido darle oportunidades laborales a una generación de jóvenes que ingresaron al mercado de trabajo, en el 2008 tuvimos una pérdida neta.

 

La gente común y corriente no entiende de cifras macroeconómicas o de problemas financieros como el de las carteras vencidas de los bancos. Pero se da cuenta de que ha llegado una recesión cuando pierde su empleo o no puede conseguir uno. Y es que el desempleo es más que un problema económico. Implica una pérdida de ilusiones y oportunidades: un verdadero desperdicio de capacidades humanas.

 

El propio presidente de la república se da cuenta de eso. Por eso este 7 de septiembre anunció un Acuerdo Nacional en Favor de la Economía Nacional y el Empleo que no era precisamente un acuerdo, ya que se trata de medidas impulsadas directamente por el ejecutivo, pero sí un menú de acciones contracíclicas. Muchas de éstas en realidad no son nuevas, pero la economía mexicana claramente las necesitaba.

 

El programa que dio a conocer el presidente Felipe Calderón incluye, entre otras acciones, un aumento en el gasto público, la aplicación acelerada de un programa de inversión en infraestructura, el fortalecimiento de un plan de creación de empleo temporal en comunidades marginadas, la congelación de precios de la gasolina, la disminución del precio del gas LP y la reducción de tarifas de electricidad, especialmente para la industria. Estas medidas, y particularmente las disminuciones en los precios de los combustibles, permitirán que el Banco de México pueda bajar las tasas de interés una vez que la inflación, que alcanzó en 2008 un nivel de 6.5 por ciento, el mayor en ocho años, empiece a disminuir.

 

El propio secretario de hacienda ha reconocido, en una entrevista de radio que me concedió el 8 de enero, que la economía nacional tendrá seguramente un crecimiento de cero en el 2009. Ya no se podía menospreciar la crisis calificándola como un simplemente catarrito. La aplicación de medidas para estimular la economía era indispensable.



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Cualquier conducta humana puede ser objeto de una ley. Por ejemplo: Ley para el buen cepillado de los dientes o Ley para la correcta colocación de los anteojos. Si la tarea de los legisladores es hacer leyes, les sobra tela de donde cortar. ¡Preocupante!

Arturo Damm Arnal
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