VIERNES, 16 DE ENERO DE 2009
Monopolios, garrapatas y otros parásitos

¿Se debe utilizar una parte de las reservas del Banco de México para financiar la reconstrucción?
No
No sé



“Existe una tiranía en el vientre de cada utopía.”
Bertrand de Jouvenel

Hana Fischer









“Cuando hay “garrapatas” hay que “fumigar” los corredores del poder.”


La empresa estatal uruguaya de telecomunicaciones, Antel, y el sindicato de sus trabajadores, Sutel, temen que la competencia de operadores privados ocasione el colapso de la compañía. Frente a esa eventualidad, el sindicato reclama que el gobierno recupere su anterior monopolio.

 

Un reciente informe oficial reportó que el mercado de telefonía móvil pasó a ser dominado por la empresa española Movicom, relegando a la estatal a un segundo puesto. Y Sutel emitió un comunicado denunciando que las competidoras privadas “actúan como garrapatas en el cuerpo de un animal, no tienen ni sienten obligación alguna con la sociedad y el país donde se instalan”. También aseveró que Antel está “sometida a una competencia ilegal e innecesaria  (…)  que no le agrega ni le brinda ningún beneficio al país”.

 

Una garrapata es un parásito. O sea que vive y se nutre a expensas de otro organismo, sin aportarle ningún beneficio. Ante tan duras declaraciones de los sindicalistas, vale la pena analizar si realmente existen empresas “parasitarias”. Para aclararlo, nada mejor que reseñar brevemente la historia de las telecomunicaciones en mi país.

 

En 1878, tres años después de la invención del el teléfono, capitales ingleses se establecieron en Uruguay para ofrecer las primeras dos modalidades de telecomunicaciones: el telégrafo y el teléfono.

 

En 1915, el gobierno uruguayo creó la Administración General de Correos, Telégrafos y Teléfonos, estableciendo el monopolio estatal sobre esas tres actividades. Desde entonces y hasta los años 90, tener un teléfono era un verdadero privilegio, al alcance de muy pocos. Para conseguirlo se requerían contactos políticos o dar una fuerte suma de dinero, ya que el tiempo promedio entre la solicitud y la instalación de una línea telefónica tardaba 10 años. Sí, leyó bien, 10 años.

 

Entre 1930 y 1990, el crecimiento económico de Uruguay fue lento. Pero la burocracia encargada de los monopolios estatales gozó de muy altos niveles de vida, disfrutando de automóviles, una casa en Montevideo y otra en algún balneario. Además han gozado de colonias vacacionales subvencionadas a costa del erario nacional.

 

Esa situación comenzó a cambiar cuando los adelantos tecnológicos lograron colapsar las trabas legales al desenvolvimiento de las telecomunicaciones. Desde 1991, Movicom comenzó a brindar servicios de telefonía celular. Pero fue a partir de 2004 que se permitió una verdadera libre competencia. Mediante subasta entró la mexicana América Móvil al mercado. La competencia creada produjo la caída de las tarifas. Un estudio realizado por la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones muestra que desde 2001 el precio de las comunicaciones se redujo 28%.

 

Así se logró una fuerte expansión de la telefonía celular. Actualmente, un teléfono móvil se obtiene en pocos minutos. No es un privilegio, ni es necesario contar con conexiones políticas. Muchos de los uruguayos de bajos ingresos ya tienen su celular.

 

Conclusión: cuando hay “garrapatas” hay que “fumigar” los corredores del poder.

 

___* Analista política uruguaya.

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