JUEVES, 22 DE ENERO DE 2009
Soberbia gubernamental

¿Usted cree que es una buena idea que sean Pemex y la Secretaría de Energía quienes construyan una refinería?
No
No sé



“Si se viola una ley injusta lo único que se viola es esa ley, no algún derecho de alguien. Por el contrario, si se viola una ley justa se viola la ley y algún derecho de alguien.”
Othmar K. Amagi

Tibor R. Machan







“Los principios capitalistas contradicen la teoría económica keynesiana porque el capitalismo exige total respeto a los intercambios voluntarios de la gente, en un mercado libre. Cuando el gobierno lo impide, está sacrificando al capitalismo. Barack Obama y sus asesores apoyan las teorías keynesianas.”


Algunos prominentes comentaristas económicos nos aseguran que se puede predecir el futuro, por lo que asumen que pueden determinar la diferencia entre una inversión muy arriesgada y otras de menos riesgo. Pero eso no sucede así cuando el gobierno impone al mercado medidas y decisiones arbitrarias.

 

Claro que aun cuando la economía está basada en un sistema de acuerdos voluntarios, nadie puede predecir las consecuencias de terremotos, huracanes y demás desastres que nada tienen que ver con decisiones humanas. Las decisiones que toman individuos, quienes con sus preferencias y rechazos guían la economía, pueden ser bloqueadas arbitrariamente por los gobiernos, lo cual nos imposibilita predecir el futuro.

 

Ante trastornos económicos, se cree que la mayoría de la gente reducirá sus gastos y asumirán menos riesgos. Es una suposición lógica, pero no dice todo lo que va a pasar y especialistas en inversiones tratarán de pronosticar las medidas que instrumentará el gobierno.

 

El economista John Maynard Keynes (1883-1946) quiso acabar con conjeturas y predicciones económicas, recomendando que el gobierno aumentase sus gastos cuando la gente actúa con cautela y aumenta sus ahorros personales. Como Keynes creía que la prosperidad y el bienestar económico dependían del gasto gubernamental, no le gustaba que la gente ahorrara, aunque eso jamás implica que ese dinero no se esté utilizando.

 

El economista Robert Sidelsky, admirador de Keynes, insiste en que la manera de contrarrestar que la gente y el sector privado ahorren demasiado es aumentando el gasto gubernamental, cuyo “propósito no es destruir al capitalismo sino salvarlo de sí mismo”.

 

Claro que los principios capitalistas contradicen la teoría económica keynesiana porque el capitalismo exige total respeto a los intercambios voluntarios de la gente, en un mercado libre. Cuando el gobierno lo impide, está sacrificando al capitalismo.

 

Y, ¿cómo impiden las propuestas keynesianas el libre intercambio? Por medio de impuestos, emitiendo dinero y que el gobierno pida prestado. Si la gente quiere ahorrar, exprópielos y use ese dinero para proyectos en que los ciudadanos no invertirían sus reales: construyendo pirámides y otras obras fastuosas.

 

Es falso que los políticos saben más que los ciudadanos en lo que más conviene gastar. Por eso, F. A. Hayek tituló el último de sus libros “La fatal arrogancia”. Pero ahora, en 2009, vemos que Barack Obama y sus asesores apoyan las teorías keynesianas.     

 

___* Profesor de Chapman University.

© www.aipenet.com

• Intervencionismo

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus