Sólo para sus ojos
Mar 17, 2009
Juan Pablo Roiz

Muy tontitos, muy machitos...

Si los congresistas en Estados Unidos y, en general, el gobierno de Barack Obama son tan estúpidos para promover el proteccionismo en estos tiempos de crisis (no saben nada de historia, o les importa un bledo), ¿por qué México debe responder mostrándose igualmente estúpido?

El Congreso en Obama Country suspendió la tímida apertura al ingreso de camiones mexicanos de transporte de carga a territorio de Estados Unidos. En represalia –y ésa fue la palabra que usó el Secretario de Economía de México, Gerardo Ruiz Mateos– el gobierno de México elevará unilateralmente los aranceles a las importaciones de unos 90 productos estadounidenses.

 

Es una pésima idea.

 

Si los congresistas en Estados Unidos y, en general, el gobierno de Barack Obama son tan estúpidos para promover el proteccionismo en estos tiempos de crisis (no saben nada de historia, o les importa un bledo), ¿por qué México debe responder mostrándose igualmente estúpido? Las guerritas comerciales son la mejor expresión del fracaso de los gobiernos. Los gobiernos que se embarcan en tales guerritas no saben hacer política -buena política- y cubren su impotencia envolviéndose en la bandera patria y fastidiando, cada cual, a los consumidores de sus respectivos países y a toda la economía mundial.

 

Por supuesto, no se trata de la magnitud de la represalia, que a primera vista ni cosquillas le hará al obcecado gobierno de Estados Unidos y a sus congresistas, sino del gesto demagógico y de niño berrinchudo que hay detrás del intercambio de represalias comerciales o, para ponerlo en cristiano: del intercambio de mentaditas de madre y de desplantes de borrachín en reunión de machitos acomplejados.

 

La verdad hubiera esperado un poquito más de inteligencia del gobierno de Felipe Calderón. No puedo decir que hubiera esperado un poco más de inteligencia del Secretario de Economía, el arrogante Ruiz Mateos, porque nadie da lo que no tiene, según reza un antiquísimo adagio latino.

 

Suponía (he de ser candoroso) que nuestra tecnoburocracia había aprendido, desde la década de los años 80 del siglo pasado, que la apertura comercial, aun la apertura comercial unilateral, es un magnífico negocio para quien la lleva a cabo. Recuérdese (bueno, Ruiz Mateos no se puede acordar porque seguramente en esas épocas era un mocoso engreído que le jalaba las trenzas a sus compañeritas en el jardín de niños) que cuando el gobierno de Miguel de la Madrid decidió, alrededor de 1986, abrir unilateralmente el comercio exterior mexicano, el resultado fue no sólo un abatimiento de la inflación (nuestros negociantes consentidos tuvieron que empezar a bajar sus precios para poder competir), sino un aumento en el bienestar y un notable avance en la productividad, porque un amplio y libre intercambio comercial es una también forma de compartir formas más inteligentes de hacer las cosas y de gestionar las empresas.

 

La represalia comercial presumida por Ruiz Mateos para lo único que servirá es para hacernos un poco más pobres, un poco más incompetentes, un poco más injustos… y sí, también para llenarle un poco más las carteras a un puñadito ridículo de negociantes mercantilistas.

 

Es algo tan lamentable como lo que contó José López Portillo en sus abultadas memorias, respecto de una visita de James Carter a México: Cuando comprobó que él, López Portillo, era un poco más alto que Carter, y le dio un fuerte apretón de manos experimentó una gran satisfacción, una especie de corriente magnética y poderosa que según López le venía en línea directa desde Quetzalcoátl: “Sentí que me lo ch…”

 

Bravo, ¡qué machitos!, y también: ¡qué tontitos!



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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