Nostalgia del porvenir
Mar 19, 2009
Fernando Amerlinck

Readaptación de la sociedad a las cárceles

Las cárceles sirven como paradigmas de imitación para que la sociedad se readapte a sus usos y costumbres, técnicas y prácticas. Es ése el curioso tipo de readaptación social que producen.

Jamás había entendido por qué los penales, cárceles, presidios, reclusorios, penitenciarías, calabozos, apandos, botes, galeras y demás ergástulos se llaman en México “Centros de Readaptación Social”.

 

Hoy comprendo claramente por qué llaman así a esas academias del secuestro; centrales operativas de la extorsión; clínicas productoras de narcotraficantes; universidades para criminales; locales de encuentro y fortalecimiento de bandas; circuitos de castigo para inocentes que no pueden pagar abogados maniobreros o defensores competentes; centros para reclutar asesinos y ladrones; espacios de esparcimiento alcohólico—sexual—habitacional—social—gastronómico—musical para reos pudientes; ámbitos propicios de esclavitud por deudas para reos no pudientes, al enganchar cómplices pagándoles una fianza; tecnológicos para entrenamiento y capacitación en crímenes diferentes de los que alguien purga allí; succionadores de dinero para mantener a vagos con nuestros impuestos; mercados de armas, puntas, comida, celulares, llamadas, visitas familiares, prostitución y demás beneficios; cancha de libre acción para el solaz y diversión de custodios sádicos; y oportunidad de entrenamiento y trabajo torturador para resentidos sociales.

 

Esos Centros de Readaptación Social no tienen ni han tenido jamás el propósito de readaptar a los presos a la sociedad, ni programas, ni capacitadores, ni reconocimientos ni requisitos ni presupuesto ni nada. Más bien lo contrario.

 

Lo que consiguen es readaptar a la sociedad para que cada vez se parezca más a una cárcel, cuya influencia rebasa sus rejas y enreja a la sociedad, a efecto de que los malhechores tengan amplia cancha de acción y sólo el 2% de ellos pise una prisión. Quienes no estamos encarcelados sentimos cada día más cómo la ciudad se asemeja a esos Centros de Readaptación que readaptan a nuestra sociedad para convertirla en presidio y a nosotros en presidiarios al arbitrio de delincuentes (con o sin uniforme) buenos para tiranizar y someter a lo peor que pueden concebir: un individuo libre.

 

Día a día somos menos libres, a merced y arbitrio de forajidos uniformados que practican la extorsión a cualquier infractor de tránsito, para la que viene a mano una muy, pero muy legal pena de corralón. Los esclavos fiscales presenciamos pasivos la impunidad fiscal de los bejaranos y demás extorsionadores, líderes sindicales y delincuentes con licencia de presión “social”, profesionales de la marcha y bloqueadores de nuestros espacios públicos y negocios; mercaderes de permisos y jueces amparadores que los acompañan; cómplices de quien ostente el privilegio de una placa o un cargo en un partido. Y desde luego, policías y demás agentes de la ley para quienes la ley es algo que toman entre los dientes.

 

Son ellos los que ejercen afuera de las prisiones, y que provienen de ellas apoyados desde adentro. Las cárceles sirven como paradigmas de imitación para que la sociedad se readapte a sus usos y costumbres, técnicas y prácticas. Es ése el curioso tipo de readaptación social que producen.

• Impunidad


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