Jaque Mate
Abr 23, 2009
Sergio Sarmiento

Oportunidad: Relación con Washington

En este momento el presidente Obama tiene la capacidad política de impulsar iniciativas importantes y cuenta con una visión más abierta sobre México y el mundo de la que ha habido en cuando menos ocho años en la Casa Blanca.

Para un gobierno estadounidense que tomó posesión apenas el pasado 20 de enero, y que lo hizo sumido en la mayor crisis económica desde la década de 1930, es sorprendente la atención que éste ha prodigado a México.

 

Barack Obama recibió al presidente de México Felipe Calderón el 12 de enero, antes incluso de rendir protesta como jefe del ejecutivo, distinción que no otorgó a ningún otro mandatario extranjero. Los temas de la agenda estadounidense que tienen que ver con México han tenido un papel muy importante en las distintas conferencias de prensa y entrevistas que ha concedido el nuevo presidente.

 

México ha recibido a una plétora de funcionarios estadounidenses del mayor nivel desde el inicio de la nueva administración. El desfile empezó con Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el principal comandante militar después del presidente, quien estuvo en nuestro país el 6 de marzo. El 25 y 26 del mismo mes Hillary Clinton, la secretaria de Estado, responsable de las relaciones exteriores del país, visitó la ciudad de México y Monterrey. El 1ro y 2 de abril estuvieron la secretaria de seguridad interior, Janet Napolitano, y el procurador general, Eric Holder. Este 16 y 17, finalmente, tocó el turno al propio presidente Obama.

 

El renovado interés de Washington es reflejo, por supuesto, de la enorme cantidad de temas en la relación bilateral. Pero en el pasado la agenda era igualmente importante, sin que hubiera la misma atención hacia nuestro país.


Para Estados Unidos el tráfico de drogas es el asunto de mayor relevancia, seguido de cerca por la inmigración ilegal. En los últimos meses, la escalada de violencia en las ciudades fronterizas, especialmente en Juárez y en Tijuana, ha generado temor en los Estados Unidos, ya que las autoridades de ese país saben que no se necesita mucho para que la violencia cruce la frontera.

Para México la agenda también es nutrida, pero de especial significado ha sido el bloqueo al ingreso de camiones mexicanos a territorio estadounidense que estaba contemplado en el Tratado de Libre Comercio desde 1997. Esto ha llevado al gobierno mexicano a establecer represalias en la forma de mayores aranceles para una amplia gama de productos estadounidenses. Ninguna represalia, sin embargo, compensa la pérdida de competitividad que genera el ilegal rechazo de los camiones mexicanos.

Resolver los complejos problemas de la relación entre Estados Unidos y México no resultaría fácil no siquiera en la mejor de las circunstancias. Pero en un momento en que la economía se encuentra maltrecha, cualquier acción se vuelve más complicada.

El presidente Obama cuenta con varias ventajas para impulsar soluciones a los problemas de la relación. El simple hecho de que no es George W. Bush, con su fallida y arrogante política exterior, ya es un avance. El nuevo presidente es más abierto y cuenta con una simpatía natural que se ha manifestado en todos los lugares en que se ha presentado.

 

Hoy es el momento para promover una agenda constructiva en la relación entre México y los Estados Unidos. La luna de miel de Obama con los electores y los legisladores estadounidenses se irá erosionando con el tiempo. Pero en este momento el presidente tiene la capacidad política de impulsar iniciativas importantes y cuenta con una visión más abierta sobre México y el mundo de la que ha habido en cuando menos ocho años en la Casa Blanca.



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