LUNES, 18 DE MAYO DE 2009
Concurso de reinas estudiantiles

Según usted, ¿cómo le está yendo a la economía mexicana?
Muy bien
Bien
Regular
Mal
Muy mal



El punto sobre la i
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.”
Viktor Frankl


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Edgar Piña







“Ya lo sabemos, después de las elecciones, no los volveremos a ver, hasta que el nopal vuelva a dar tunas: dentro de tres o seis años.”


Seguramente usted amable lector recordará haber participado en un comité o por lo menos haber simpatizado con alguna de las candidatas a reina estudiantil en aquellos maravillosos años de secundaria, preparatoria y universidad. ¿Recuerda?

 

En nuestros días esta costumbre prevalece, sin lugar a dudas porque gracias a la vanidad de ciertas familias mexicanas, algunos profesores y empleados escolares logran obtener unos ingresos extras a la vez que obtienen un poco de diversión gratuita, contando votos, vendiendo boletos para bailes y recibiendo porcentajes por gastos en camisetas, posters, bebidas y otros artículos.

 

En este año electoral aquí en Sonora, la población está viviendo un período de campañas por el voto que asemeja más, mucho más, a esos concursos para elegir reinas de una escuela que a una competencia por ocupar puestos en los poderes legislativo y ejecutivo municipal, estatal y federal.

 

Al salir a la calle y observar la inundación insultante de estandartes colgando de cada poste, árbol o arbotante; al mirar los anuncios espectaculares en los principales cruces urbanos; al intentar entender el fugaz mensaje en los onerosos displays electrónicos de la ciudad, el transeúnte sólo alcanza a percibir dispendio, dilapidación en un país de atraso y pobreza.

 

La ausencia de mensaje parece ser obligatoria. Ninguna de las aspirantes al reinado, perdón, quiero decir ninguno de los candidatos y candidatas a gobernarnos, parece tener la noción de que por tres o seis años van a vivir (y muy bien), del dinero arrancado al trabajo de los mexicanos. Cuando se atreven a manejar algún slogan de campaña, éstos dan la impresión de que fueron ideados pensando precisamente en omitir el reconocimiento de un problema, una aspiración ciudadana, un proyecto de avance en cualquiera de las mil penurias que azotan a nuestra economía.

 

Alguien podría argumentar que en la propaganda callejera no es recomendable emitir mensajes significativos y que para eso existen otros medios como los mítines, las reuniones, los foros ciudadanos. Pero luego resulta que al asistir a tales eventos o al leer las noticias, escuchar la radio y observar la deplorable televisión nacional y local, la sensación, la percepción y la convicción son las mismas: no traen nada.

 

Bueno en el mejor de los casos, cuando el aspirante a continuar enchufado al presupuesto, tiene la ocurrencia de ponerse serio, reflexivo, comprometido con la plebe, a lo más que llega es a repetir los mismos estribillos que ya hemos escuchado siempre del empleo, la seguridad, la transparencia. Pero ya lo sabemos, después de las elecciones, no los volveremos a ver, hasta que el nopal vuelva a dar tunas: dentro de tres o seis años.

 

• Democracia mexicana

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