MIÉRCOLES, 25 DE ENERO DE 2006
El triunfo de Bachelet

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“Es otro panorama completamente diferente al que vivimos en México, donde la mediocridad de nuestra clase política da risa.”


El pasado domingo 15 de enero la médica Michelle Bachelet se transformó en la primera mujer en alcanzar la presidencia de Chile. La candidata de la Concertación de Partidos por la Democracia superó por 53, 49% a 46,51% al empresario Sebastián Piñera, líder del centro derechista partido Renovación Nacional. Bachelet, miembro del Partido Socialista, encabezará la cuarta administración sucesiva de la Concertación, después de los democristianos Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle y del socialista Ricardo Lagos.

 

¿Cuáles son los retos de administración de Bachelet? Un doble desafío, ya que por un lado, tendrá un periodo corto después de un gobierno exitoso. Por otro lado, Ricardo Lagos dejará el poder con un altísimo grado de aprobación (cercano al 70%), ante la perspectiva de ser pre-candidato dentro de un breve lapso de tiempo. Sin embargo, al mismo tiempo, Bachelet tiene un entorno muy interesante, y que le dicta por donde ha de transitar su gobierno. La principal fortaleza del gobierno que se inicia es el notable antecedente (único en la región) de 16 años de administración eficiente y moderada. Desde una macroeconomía sólida, el nuevo gobierno podrá intentar desarrollar programas sociales específicos que aminoren las desigualdades existentes en un país que podría acceder al desarrollo en los próximos 15 años. Este es el desafío central de la sorprendente experiencia chilena: encaminarse al desarrollo en el mediano plazo, incorporando en ese proyecto al 18% de la población que es pobre e indigente. Para lograrlo no se depende sólo de una persona y administración, sino de una política de sucesivos gobiernos y, fundamentalmente, de crecientes consensos con la oposición. Aquí, la verdad, el gobierno de Vicente Fox se queda chiquito…

 

Pero la clase política chilena es otra, que definitivamente, mucho le enseña a la clase política mexicana. Socialistas o no, neo-liberales o no, se tiene muy claro que existe un marco de generación de la riqueza que, no estamos para cuestionar. Se tiene muy en claro que, el debate no es si la generación de riqueza a través de manos privadas es eficiente o no, sino, cómo logar el mayor derrame de esa riqueza que, el sector privado libremente ya genera. El debate no es cómo el Estado defiende nuestra soberanía (lo que sea que esto quiera decir…) sino, cómo el Estado entorpece en lo menos posible, la vida del ciudadano, pues a fin de cuentas, un Estado funcional y eficiente puede llegar de mejor manera a los más necesitados.

 

En fin, es otro panorama completamente diferente al que vivimos en México, donde, la mediocridad de nuestra clase política, da risa.

 


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