MIÉRCOLES, 15 DE JULIO DE 2009
"Recaudacionitis"

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“Uno de los costos de transacción más importantes que enfrenta nuestro proceso económico es la inestabilidad fiscal: los cambios constantes al sistema tributario.”


Al parecer, la discusión sobre una nueva reforma fiscal terminará en lo mismo de siempre: la anti-inteligencia de no tocar los privilegios al impuesto al consumo, la obsesión con diseñar un esquema cuya prioridad sea recaudar más, y nada más, y un simpático dilema sobre si eliminamos el IETU o el ISR.

 

A propósito de esta disyuntiva, el planteamiento original no era cobrar los dos gravámenes, sino el más alto de ambos. Las complicaciones al respecto han generado un verdadero laberinto. Sin embargo, el entendido siempre fue que se revisaría el funcionamiento del sistema dual, con miras a eventualmente eliminar el ISR.

 

Esta sería un gran paso en la dirección correcta—y no, como proponen ciertos líderes senatoriales, “fortalecer el ISR.” Una falacia que comparten tanto los políticos como las autoridades es que los agentes NO responden a los incentivos; y piensan, al parecer, que el contribuyente actuará en forma estática ante imposiciones, tributos, nuevas formas de exprimir al causante.

 

No es así. Por ello, uno de los más grandes costos de transacción que enfrenta el proceso económico es el costo de la inestabilidad fiscal: los cambios constantes al sistema tributario, siempre basado en tapar hoyos presupuestales, y las respuestas que surgen de los agentes económicos. Las decisiones empresariales se vuelven no una función de productividad, sino de cómo minimizar el golpe tributario de un nuevo gravamen, una nueva imposición.

 

Pero recordemos: el compromiso original de Felipe Calderón era implementar un sistema fiscal basado en el impuesto único, que terminara con un pasado fiscal caracterizado por privilegios, evasión, complejidad, baja tributación y corrupción.

 

Más allá del mal de la “recaudacionitis,” está la realidad, la acción humana, de que las personas responden a los incentivos. Un sistema fiscal eficiente debe ser, en primera instancia, simple, fácil de entender y fácil de cumplir. Hoy, con contabilidades triples, con estrategias híper-creativas, con políticos predecibles que anuncian lo que viene (¡que paguen más!), tenemos un sistema donde aunque uno se deleite en pagar sus impuestos, como persona moral o persona física, simplemente no puede.

 

Por cierto, pase lo que pase, eliminar el ISR a favor del IETU sería un gran paso adelante—principalmente porque con ello decimos adiós al bagaje de deducciones, de hoyos y huecos, que vienen con este tributo. Haría nuestras vidas (¡un poco!) menos complicadas.

• Reforma fiscal

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