De capital importancia
Jul 29, 2009
Roberto Salinas

La tentación proteccionista

El comercio exterior beneficia a las economías porque genera la capacidad de transformar lo que uno hace (producción) en lo que uno quiere (consumo).

Una fábula sobre el comercio exterior resulta importante, e ilustrativa, para no perder la cabeza en tiempos donde la contracción y la crisis han sido brutales. ¿Qué pasaría si, en plena angustia generalizada, aparece un joven empresario, con una gran invención: una máquina que recibe trigo, café, maíz, flores y frutas, y otras cosas, por un lado; y que con ello logra producir una derrama de bienes tecnológicos, servicios especializados, bienes que no tenemos, de mayor calidad y de mejor precio, por el otro lado?

 

Sería, sin duda, condecorado como genio espectacular, una muestra que, tanto aquí como en East Rutheford, sí se puede—con o sin crisis. Sin embargo, después de un reportaje de investigación, un curioso analista revela que este joven patriota sólo toma los insumos de la supuesta máquina para venderlos en el mercado internacional, y con esos recursos comprar los bienes que pone a la venta a los consumidores de la economía interna. ¡Vaya traición a la soberanía nacional! Un neo-liberal salvaje, que además contribuye a una balanza de pagos desfavorable.

 

Sin embargo, en el fondo, el proceso de comerciar a nivel internacional es, ni más ni menos, una máquina que transforma lo que exportamos en lo que importamos. Y por ello, sería un error capital confundir causas con consecuencias, o magnesia con mayonesa, al colocar el comercio exterior como el salvavidas ante la crisis, a pesar de sufrir una caída tan violenta.

 

El comercio exterior, como se ha explicado desde David Hume hasta Fredirich Bastiat, y más recientemente economistas tan opuestos como Greg Manikew y Paul Krugam, beneficia a las economías porque genera la capacidad de transformar lo que uno hace (producción) en lo que uno quiere (consumo).

 

Hoy en día, ante la crisis del comercio internacional, ha resurgido un consenso entre empresarios, y algunos analistas, que debemos privilegiar la sustitución de las importaciones—quizás, por ejemplo, con una política cambiaria de tipo de cambio sub-valuado. Ello, ni generaría los empleos postulados, ni mejoraría la competitividad del sector externo. Es el equivalente al proteccionismo cambiario, financiado a costas del salario real del trabajador mexicano.

 

Por cierto, a título de ilustración: el simpático índice Big Mac de The Economist dice que el peso se encuentra “subvaluado,” al nivel actual, ¡en casi 35%! ¿Acaso nos ha hecho más competitivos?



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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