MIÉRCOLES, 1 DE FEBRERO DE 2006
De indígenas, mujeres y otras curiosidades...

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“El gobierno es, en realidad, el peor fracaso del hombre civilizado.”
H. L. Mencken

David Martínez-Amador







“Ojalá en México tuviéramos este tipo de izquierda y este tipo de mujeres metidas en política. Tristemente lo que tenemos es de risa.”


Entender la mentalidad latinoamericana, resulta a veces, simpático. Por ahora aparecen como encabezados en los principales diarios la victoria de Evo Morales en Bolivia y de Michelle Bachelet en Chile. Por todo el continente, y fuera él se levantan aires de mesianismo, se respira un sentimiento de satisfacción porque las cuentas han sido saldadas: 500 años de explotación de parte de un sistema colonialista blanco al fin de cuentas terminan.

 

La verdad, es menos radical. La victoria de Evo Morales, como sucedió en otros países, planchó a los partidos políticos tradicionales que aunque sin una retórica tan violenta, mantuvieron en pocas manos el acceso a la riqueza y su disfrute. Evo Morales, parece, inaugura un nuevo polo de poder en la franja andina, atado desde el comienzo de la campaña proselitista a la adhesión sin pudores a los exabruptos de Chávez. Hugo Chávez dicho sea de paso, es también un producto de la incapacidad de las elites conservadores venezolanas que a final de cuentas, fueron eficientes para mantener una estabilidad en la medida en que no rivalizaron con el sector privado, pero dicho de paso, un sector privado a la latinoamericana: con tendencias monopolistas y proteccionistas. En el Perú vale la pena echarle un ojo a Ollanta Humala, de origen indígena también, pero formado en los Estados Unidos, un indígena nacionalista y populista, mezcla de Chávez y de Morales por haber sido militar y por haber estado preso por el asalto de una comisaría. Su esquema mental, parece es el mismo de Morales y Chávez.  En Chile, la victoria de Bachelet, dicen los teóricos feministas, ha puesto fin a una opresión política en la cual, la participación política en los cargos más importantes ha estado reservada para los hombres.

 

El meollo de la cuestión no pasa, sin embargo, por la victoria de tal o cual candidato, su color de piel, etnia o género sino por algo que tiene mucha mayor importancia: Los marcos mentales con los cuales, se pretende sostener la gobernabilidad, el modelo de desarrollo económico y la solidez de las instituciones. En el caso de Bolivia, Venezuela y Perú, vemos una vuelta de tuerca sobre el papel del Estado en rublos que, ha quedado muy claro, nada tiene que ver. El retorno es entonces, abismal, porque vuelven a introducirse en el debate esquemas de desarrollo que lo único que generan es la masificación de la pobreza en un contexto donde de por sí ya es complicada la generación de la riqueza. Este es el perfil de la izquierda tradicional. En Chile, el punto interesante no es la victoria de una mujer sino la toma del poder de parte de una nueva izquierda, que no necesita reconstruir y echar por tierra la estabilidad generada por un sistema económico que, probablemente, no les genere simpatía. Pero es mucho más fácil desarrollar la agenda socialista con altos niveles de crecimiento y una simplificación de las normas burocráticas. Esto es lo que una mujer como Bachelet tiene muy claro.

 

Ojalá en México tuviéramos este tipo de izquierda y este tipo de mujeres metidas en política. Tristemente lo que tenemos es de risa. Una izquierda que ya no sabe qué prometer, y la mujer más prominente del ámbito político ha resultado ser mejor modista y organizadora de conciertos que propulsora de ideas…


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