LUNES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2009
Un presidente que no entiende al mercado

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El punto sobre la i
“La barrera infranqueable del ejercicio de los derechos de cada cual deben ser los derechos de los demás, que nos imponen el deber de respetarlos, deber que debemos asumir libremente. El que no todos estén dispuestos a asumirlo es la razón de ser del Estado.”
Félix de Jesús


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“Como buen burócrata iluminado, el Presidente cree que sólo el Estado será capaz de sacar de la pobreza a las personas. Al contrario, señor Presidente, es la continua ayuda estatal la que mantiene a los pobres atados a su miseria. La única manera de disminuir la pobreza es permitir que el intercambio de bienes, servicios e ideas sea máximo, amparado en la celosa protección de los derechos naturales y de propiedad. La evidencia es contundente.”


El Presidente Calderón me desconcierta. Por un lado toma decisiones valientes como liquidar a Luz y Fuerza del Centro. Asimismo, promueve en su discurso que el comercio internacional sea más libre y realiza ajustes presupuestales tardíos, pero necesarios.

 

Pero luego, en distintas entrevistas a diversos medios, aparece el Calderón estatólatra, ese que a capa y espada declara que sin millonarios ($) apoyos a los programas contra la pobreza, por parte del gobierno, no se acabará la misma. Y cuando habla de educación y salud, se vuelve como loco, insiste en la “urgente” necesidad de que el gobierno construya muchas, muchísimas (¿cientos, miles?) escuelas, universidades, clínicas y hospitales.

 

También presume de los “importantísimos” créditos que el gobierno otorga a la pequeñas y mediana empresas. Basta con escuchar la radio ó ver la televisión para ver los múltiples comerciales gubernamentales que con bombo y platillo anuncian los importantes apoyos del gobierno federal a la pequeña empresa (por cierto, ¿es apoyar a la pequeña empresa los millonarios recursos con que se ha rescatado a gigantes como Vitro y Comerci?).

 

Sé que la derecha mexicana es más respetuosa de los derechos de propiedad que la izquierda, pero en el fondo, al menos la administración calderonista, se está comportando al más puro estilo de la izquierda europea que promueve a los burocráticos y mediocres estados de bienestar. Me explico.

 

Quienes defendemos al libre mercado como el mecanismo social más eficiente en la asignación de los recursos, no lo hacemos, como señalan nuestros críticos y enemigos, para defender a alguna trasnacional, monopolio ó grupo económico poderoso, y menos aún por dogmatismo.

 

Para defender al mercado antes que nada hay que conocerlo. Y ello no pasa por leer y estudiar a sesudos economistas, ó analizar modelos matemáticos complejos de la economía. No, para defender al mercado hay que entender ante todo, que el mercado significa en esencia la libre voluntad para intercambiar bienes, servicios e ideas. Lo que significa libertad, libertad de elegir.

 

Las sociedades más avanzadas en lo económico y en lo social, son aquellas en las que hay menos obstáculos en el intercambio (menos aranceles, menos impuestos, menos trámites para operar negocios, menos regulaciones, menos y menos burocracia) de bienes, servicios e ideas. Los grandes innovadores siempre surgen en sociedades donde hay libertad económica. Los avances científicos se dan en donde hay plena libertad de producir, ahorrar, invertir y consumir.

 

En el mercado sólo se genera riqueza cuando se satisface la necesidad de otro, y ello se manifiesta en el intercambio voluntario. Para que yo intercambie debo valorar menos lo que tengo y más lo que tiene la persona con quien haré la transacción. Lo mismo para la otra persona. Sólo así se crea riqueza, de la satisfacción de las necesidades de uno y del semejante. Por supuesto, si alguien satisface muchas necesidades a bajo precio, entonces la generación de riqueza será en grande, tanto para la sociedad como para el individuo prodigioso que satisface la necesidad de millones de seres humanos.

 

Claro, para que los mercados operen con éxito debe existir un marco legal que proteja celosamente primero, los derechos naturales del ser humano (el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad) y después, también celosamente, los derechos privados de propiedad de las personas (el derecho a poseer, usufructuar y transferir un bien, servicio e idea).

 

Este marco legal es construido desde el Estado (no el estado socialista ó de Hobbes, sino uno inspirado en leyes que protegen la libertad del gobernado ante el gobernante) y se manifiesta a través de una sólida arquitectura institucional (un gobierno limitado a hacer respetar los contratos). Luego entonces, la esencia del mercado se manifiesta cuando los individuos intercambian libremente bienes, servicios e ideas en un marco institucional en la que se protegen los derechos naturales y de propiedad. Este concepto, el mercado, el más grande invento de la humanidad, es lo que nunca entendieron Marx y los socialistas.

 

La tragedia soviética nos recuerda el alto costo humano que significa prohibir el libre intercambio entre las personas, y peor aún, cuando es el Estado el que asume la total responsabilidad en el intercambio, aboliendo por completo la propiedad privada. Esclavitud, escasez y muerte son las consecuencias.

 

El Presidente Calderón No entiende lo que es un mercado. Sólo repite lo que dicen los viejos libros de texto. Y la razón por la que no entiende es porque siempre ha sido burócrata. Quienes estamos en el sector privado, de entrada comprendemos al mercado, pues si no satisfacemos las necesidades de nuestros clientes estamos fritos. El mercado no es ni bueno ni malo, significa libertad para intercambiar bienes, servicios e ideas. Y ello implica responsabilidad personal. Los empresarios que buscan protección del gobierno, subsidios, contratos, no saben que con su conducta están poniendo en peligro lo más preciado, la libertad.

 

Y como buen burócrata iluminado, el Presidente cree que sólo el Estado será capaz de sacar de la pobreza a las personas. Al contrario, señor Presidente, es la continua ayuda estatal la que mantiene a los pobres atados a su miseria. La única manera de disminuir la pobreza (jamás creo en la tasa cero de pobreza, pues siempre habrá haraganes y viciosos) es permitir que el intercambio de bienes, servicios e ideas sea máximo, amparado en la celosa protección de los derechos naturales y de propiedad. La evidencia es contundente.

 

Hubo un tiempo en que creí que el PAN, si bien no liberal, al menos habría entendido el concepto de mercado. No sé, aquí tal vez los liberales tengamos algo de culpa, en especial los liberales economistas de profesión. Hemos señalado hasta el cansancio que el gobierno sólo debe hacerse cargo de la producción de bienes públicos y los particulares deben hacerse cargo de la producción de los bienes privados. Pero hemos soslayado señalar que la salud y la educación no son bienes públicos, sino que tienen características de bienes privados, y cuando son producidos por particulares, la calidad es, en promedio, muy superior a la ofrecida por los gobiernos.

 

Al no entender el Presidente el concepto de mercado, comete un agravio contra la sociedad. Dado el esquema estatista del sistema educativo, el gobierno no debe incursionar más en el mercado de las universidades. Ya hay un pulpo burocrático enorme en la educación superior que es costosísimo para los contribuyentes y en la que no queda nada claro si el beneficio marginal es mayor al costo. Más universidades del gobierno para que formen egresados con mentalidad de empleado, ó peor aún, con mentalidad antimercado, es un craso error. Más y más universidades de gobierno implican con el tiempo más y más desempleados. La educación superior es un bien privado y su crecimiento debe estar en función del mercado, de satisfacer más y más necesidades de la sociedad (si ésta lo demanda). No es desde un escritorio en que se decide cuánto nivel de educación superior se requiere. Por ejemplo, vea el lector lo que ocurre con muchos Conalep en Quintana Roo. Se forman muchos técnicos en mecánica, química y electrónica, cuando lo que más se requieren son técnicos en turismo (y que hablen inglés fluidamente), administradores hoteleros y personal de informática. Ese es el problema, la educación del gobierno no va a la par de las necesidades de la sociedad, léase el mercado.

 

En todo caso, y si persiste la socialista idea de que es el gobierno el que debe educar, más haría el gobierno en mejorar su gasto en la educación básica, especialmente en las zonas rurales, en donde hay escuelas que ni techo ó baño tienen. En un análisis costo beneficio, la sociedad gana más con una buena educación básica para los que menos tienen. La presencia del gobierno en las universidades sólo beneficia a los más ricos, quienes además al graduarse, capturan todos los beneficios para sí mismos (lo que no tendría nada de malo de no ser que la hazaña de ganar más la lograron sin pagar costo alguno, a expensa de los contribuyentes).

 

Lo mismo pasa con los hospitales. La salud es un mercado privado y debe reinar la competencia. El pulpo médico estatal ya es gigantesco y no merece la pena seguirlo engordando. Si el gobierno desea que los más pobres tengan atención médica, la salida no son más y más hospitales burocratizados que no responden al mercado (¡nada más ni nada menos que a las necesidades de los pacientes!). Créame el lector, la costosísima burocracia médica mexicana tiene un presupuesto tan enorme, que sería menos costoso que el gobierno pagara directamente la atención médica de un pobre en un hospital privado mexicano carísimo como el Hospital Ángeles. Ya lo demostraré después en otro artículo con datos duros. (Hace años un economista mexicano demostró que era menos costoso para el gobierno enviar a todos los alumnos de la UNAM a la universidad de Harvard -universidad gringa privada y costosísima- que mantener directamente a la propia institución. ¡Increíble!).

 

Finalmente, y no menos importante, el gobierno calderonista, al igual que el priísta, creen erróneamente que los bancos estatales de “desarrollo” son la salida para las pequeñas empresas. Craso error. Es cierto, hay pequeñas empresas exitosas que han salido adelante con un crédito del gobierno, pero en el análisis general de costo beneficio (que es lo que importa en economía), la mayoría de los proyectos productivos que se hacen con dinero gubernamental, fracasan, y no sólo porque el proyecto haya sido malo, sino porque muchos beneficiarios de la dádiva gubernamental terminan no pagando. Datos duros, ¿cada cuándo escucha el lector que tienen que reestructurar a un banco de desarrollo por que está con números rojos? Querer mantener el modelo priísta estatista de bancos de desarrollo que pierden dinero es un atentado contra los contribuyentes.

 

Más se beneficiaría la sociedad mexicana con más y más bancos regionales, compitiendo por ganarse a los clientes (ahorradores e inversionistas) que mantener un modelo que sólo deja perdidas.

 

Me da tristeza, pero Calderón, y sospecho que todos los panistas, no entienden lo que es el mercado. Basta con ver sus slogans, en donde defienden la intervención gubernamental (igual que el PRI) en educación, salud, vivienda, deporte y cultura. Oí que quieren sangre nueva en el PAN. Si no corrigen, y entienden que el mercado significa libertad, seguirán perdiendo adeptos y simpatizantes.

 

Lo de menos es que Calderón no entienda al mercado. La tragedia es que las consecuencias las pagaremos los mexicanos con un estado de bienestar en el que será muy difícil reducir los impuestos. Qué tragedia.

• Populismo

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