Jaque Mate
Ene 21, 2010
Sergio Sarmiento

Gobierno por consulta

Un estadista tiene que tomar las decisiones correctas para su país: por supuesto si son populares, pero todavía más si no lo son.

Carlos Navarrete, coordinador del PRD en el Senado, está pidiendo al gobierno federal del PAN que organice una consulta para determinar si los mexicanos están de acuerdo con el alza de la gasolina. Al mismo tiempo, el PAN pide al PRD que organice una consulta entre los capitalinos para saber si están de acuerdo en permitir las bodas entre homosexuales y la adopción de niños por parejas gay.

 

Perredistas y panistas saben que estas consultas tendrían respuestas negativas. Virtualmente ningún impuesto sería aceptado en una consulta popular. Por otra parte, la discriminación contra los homosexuales es tan grande en México que en una consulta popular no sólo resultaría en la prohibición de las bodas sino incluso de las relaciones entre ellos, independientemente de que esto viole sus derechos individuales.

 

Un país que procura someter toda decisión a una consulta ciudadana se verá imposibilitado de hacer reformas de fondo. De hecho, si hubiéramos sometido a la opinión popular los impuestos que cobra el Estado mexicano, lo más seguro es que no se cobraría ningún impuesto. Y no hay certeza de que nuestro país viviría mejor sin impuestos y, en consecuencia, sin gobierno.

 

Los países que mejor funcionan tienen gobernantes que toman las mejores decisiones para el bien de los gobernados aun cuando no sean populares. No se arredran ni siquiera por la posibilidad de perder el poder. “Un político piensa en la próxima elección”, decía Otto von Bismarck. “Un estadista, en la próxima generación.”

 

Nuestros políticos sólo escogen mandar a consulta propuestas que tienen asegurada la aprobación. La reforma electoral de 2007 a la que deben su cargo todos los diputados, por ejemplo, nunca fue sometida a una consulta, porque habría sido rechazada. La reforma electoral del 2007 era y es, a mi juicio, incorrecta por un problema de fondo: despoja de derechos a los ciudadanos para fortalecer a una corrupta partidocracia. Poco importa si es popular o no.

 

En los casos que hoy se discuten, me inclino por las dos posiciones impopulares. No veo razón para impedir que los homosexuales contraigan matrimonio, si así lo quieren, ya que no hacen con ello ningún daño a nadie. Tampoco veo problema en que adopten niños. La mayoría de las parejas homosexuales son padres excelentes. No se puede prohibir esta adopción por la idea de que algunos homosexuales pudieran tener conductas incorrectas, como no prohibimos que los niños tengan contacto con sacerdotes a pesar de que algunos sacerdotes han abusado de niños.

 

En cambio, creo que el alza de los combustibles sí es correcta. Nadie quiere, por supuesto, pagar un precio mayor por ningún producto. Pero el subsidio a la gasolina quita dinero a los pobres para dárselo al 20 por ciento más rico de la población.

 

Puedo estar equivocado, por supuesto, pero lo que no es aceptable es que estas decisiones fundamentales se tomen por un voto de popularidad. Un estadista tiene que tomar las decisiones correctas para su país: por supuesto si son populares, pero todavía más si no lo son.

 

www.sergiosarmiento.com



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