JUEVES, 21 DE ENERO DE 2010
Una reforma fiscal, ¿para ser Presidente?

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Juan Pablo Roiz







“En una de esas Manlio Fabio Beltrones va en serio con su propuesta de reforma fiscal y nos está “engañando con la verdad”.”


Tuve una buena amiga que contaba con mucha gracia que el día que un pretendiente pertinaz le dijo emocionado: “¡Te quiero!”, ella le contestó: “Eso ya lo sabía, lo que me gustaría saber ahora es ¿como para qué me quieres?”.

 

Recordé la frase apenas ayer cuando un político cercano al senador Manlio Fabio Beltrones me dijo en un arrebato de sinceridad: “Mira, Juan Pablo, te juro que Manlio Fabio va en serio con su propuesta de reforma fiscal, del IVA general al 12 por ciento, de ISR con una tasa más baja y todo lo demás”.

 

Lo del “arrebato de sinceridad” tratándose de políticos hay que tomarlo con una dosis triple de escepticismo, pero aún así mi interlocutor parecía completamente sincero. No tuve otro remedio que soltarle una versión modificada de la frase de mi amiga:

 

     Correcto, te creo que Manlio quiere impulsar una reforma fiscal de a de veras y que luchará para lograrla, lo que me gustaría saber ahora es ¿por qué y para qué querrá Manlio Fabio Beltrones hacer tal cosa?, ¿para servir a México?

 

     Bueno, esa sería la respuesta convencional, que nadie va a creer –me respondió-, pero la verdad Manlio Fabio quiere hacer ésa y otras reformas porque quiere ser Presidente y ha descubierto que convertirse en reformador, en un político que da resultados, puede ser su única arma para vencer al joven copetón de Toluca, que sólo da imagen; por no hablar de los panistas que no han dado muchos resultados que digamos, ni de los del PRD que sólo saben dar problemas o generar ocurrencias.

 

     ¡Caray!, sólo que sea por eso y para eso. Aun así, el peor enemigo que tiene Beltrones es él mismo: Carece del más mínimo encanto, es más pesado que el plomo fundido y tiene una fama de provenir de las alcantarillas del viejo sistema priísta que no se la quita nadie.

 

Más o menos así transcurrió el resto de la conversación. Si el “beltronista” esperaba que me uniera al club de admiradores del senador sonorense se quedó decepcionado, pero aún así debo reconocer una insospechada inteligencia en esa estrategia política: “Reformar para ganar”.

 

Es como darle la vuelta a la tortilla o romper el paradigma. La sabiduría al uso nos dice que en México no se hacen las reformas que nos urgen porque los políticos no quieren pagar los costos de ser reformadores, ¡y ahora aparece alguien que descubre que ser reformador le puede dar rentabilidad política y hasta corregirle la pésima imagen de dinosaurio!, ¡sorprendente!, suena como enterarse de que hay dietas para enflacar que consisten en comer más, por alguna razón paradójica.

 

Es tan increíble como percatarse de que los incentivos de los políticos profesionales, por algún azar que sólo se da cada tres mil años, empiezan a alinearse, aquí y ahora, en México 2010, con los objetivos de la sociedad y del bienestar de los mexicanos. ¿Será cierta tanta belleza?

 

¿O será como en ese cuento de Jorge Ibargüengoitia donde se decía algo así (la cita dista de ser exacta): “Ella y yo nos sentábamos horas en la banca del parque para hablar del amor que nos teníamos; pero cuando ella hablaba de amor pensaba en matrimonio y cuando yo hablaba de amor sólo pensaba en llevarla a la cama”?

• Reformas estructurales • Política mexicana

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