VIERNES, 22 DE ENERO DE 2010
"El Novillo Sí, Desaladora No"

¿Usted considera que las acciones del actual gobierno concuerdan con sus propuestas de política industrial?
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“En este país escasean las propuestas trascendentes y valientes, y abundan el conformismo, la pasividad y la complicidad de quienes salen perdiendo con el atascamiento económico, político y cultural, con los pequeños grupos que sí saben muy bien cuáles son las fuentes de su solvencia económica.”


En estos días iniciales del 2010 los transeúntes de la capital de Sonora pueden observar en autobuses de servicio urbano y en automóviles una calcomanía que dice: El Novillo Sí, Desaladora No.

 

Este mensaje involucra un aspecto de la mayor importancia no nada más para los habitantes de Hermosillo o Sonora, sino también para toda la población de México, aún cuando se trate de residentes en ciudades que no padecen problemas de abastecimiento de agua para consumo humano.

 

Lo que este par de frases implica es ni más ni menos la solución lógica, técnicamente factible y económicamente recomendable, a un serio problema de escasez y mal uso del agua dulce, el cual se presenta en todo el estado de Sonora.

 

Es muy curioso que los mismos políticos y burócratas que no escucharon en años recientes las opiniones de expertos y ciudadanos sin compromiso partidista, respecto del enorme gasto inútil de construir un acueducto de la presa El Molinito a la ciudad capital, por ser un vil represo de bajísimo nivel de captación, ahora asumen la actitud contraria frente a la opción de conducir agua de la presa El Novillo a esta ciudad.

 

Al lector no familiarizado con la geografía sonorense, permítame explicarle en forma muy breve que la mayor parte de los escurrimientos de la porción sonorense de la Sierra Madre Occidental van a dar al valle del Yaqui, mediante afluentes que desembocan en el río del mismo nombre y el cual cuenta con dos presas; una de las cuales es la presa El Novillo, situada aproximadamente a 120 kilómetros de Hermosillo.

 

Existen estudios que demuestran que de la captación total del río Yaqui y sus dos presas, estadísticamente no habría ningún problema para proveer al Hermosillo de ahora y el de los próximos 50 ó 70 años, del recurso acuífero que requiere para su crecimiento y desarrollo. Sin embargo, por esas cosas propias del atraso político, económico y cultural, el disponer de esas aguas se ha convertido en un tabú, reforzado de vez en cuando por las declaraciones huérfanas de lógica y honestidad de políticos y “técnicos” que litigan a favor del caciquismo estilo siglo XX, el cual es el beneficiario económicamente obsoleto y ecológicamente irresponsable de las aguas que riegan la agricultura extensiva del Egipto de los faraones, perdón, del valle del Yaqui del siglo XXI.

 

Visto de otra forma los señores feudales del valle del Yaqui han convertido en tabú, pecado, herejía, la idea de conducir agua de la presa El Novillo a Hermosillo, con el mito de que los millones y millones de metros cúbicos que se utilizan en la agricultura cerealera y subsidiada del sur de Sonora, es importante para el estado y que en consecuencia no se debe tocar. ¿Agua para la capital? Sí claro, construyan una desaladora al precio que sea y con cualquier cantidad de desventajas, pero ni se les ocurra voltear al río Yaqui.

La prevalencia de mitos y tabúes en la economía sonorense, es lo que determina el pobre desempeño de la actividad productiva en la región, con su secuela de desempleo, criminalidad, emigración, depredación de los recursos naturales y el ambiente, y finalmente, bajo nivel de vida de la población.

 

La falta de competitividad de la agricultura sonorense, principalmente la cerealera, es fácilmente demostrable y lo ha sido por varias décadas, pero son los beneficiarios del estado de cosas, los que se oponen a la revisión y cambio de patrones de cultivo y modelos tecnológicos. Esto da como resultado que en la primera década del siglo XXI se sigan utilizando en la región técnicas de cultivo de principios del siglo pasado en productos agrícolas que jamás habrán de competir con regiones productoras de grano en el continente y en el mundo, y que basan su competitividad en las ventajas comparativas del clima y la disponibilidad de agua por deshielos y lluvia, con lo cual sus costos son mínimos comparados con los existentes en una zona desértica.

 

En las calcomanías que dieron origen a este comentario no se aprecia, al menos de lejos, la organización patrocinadora del mensaje, pero sea quien sea, considero que es una excelente promoción, ya que en este país escasean las propuestas trascendentes y valientes, y abundan el conformismo, la pasividad y la complicidad de quienes salen perdiendo con el atascamiento económico, político y cultural, con los pequeños grupos que sí saben muy bien cuáles son las fuentes de su solvencia económica.

 

El agua de los ríos y presas de Sonora pertenece a todos los sonorenses no sólo a los trigueros obsoletos, onerosos y subsidiados del valle del Yaqui. Ahora es el momento de tomar las decisiones que hacen falta a la economía sonorense del siglo XXI. Ahora es el momento de derrumbar los mitos y tabúes que nos tienen sumidos en el atraso, la inequidad y la inseguridad en todas sus presentaciones. La ciudadanía sonorense espera que el nuevo gobierno asuma su responsabilidad ante el presente y el futuro.

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