MIÉRCOLES, 27 DE ENERO DE 2010
Un destino en crisis

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“Las crisis financieras, dicen algunos economistas, son fenómenos naturales del ciclo económico; y, hasta saludables, como mecanismos para desinflar los excesos o las burbujas creadas por espejismos de expansión monetaria.”


La combinación de diversos factores externos e internos generó uno de los episodios económicos más complicados de la historia moderna del país.

 

Las crisis financieras, dicen algunos economistas, son fenómenos naturales del ciclo económico; y, hasta saludables, como mecanismos para desinflar los excesos o las burbujas creadas por espejismos de expansión monetaria.

 

Esta visión, específicamente académica, no es consistente con los efectos de las crisis en la economía real, por lo menos en nuestro país. El hecho es que la propia naturaleza de las crisis financieras cambió a partir de los 90; a partir, es decir, de la sofisticación en los sistemas de comunicación en los mercados financieros, lo que Walter Wriston denominó como "el espejismo de la soberanía".

 

Es decir, en ésta, nuestra época moderna, los flujos de capital van y vienen, en grandes cantidades, con la agilidad de trasladarse de una región del mundo a otra, en cuestión de milisegundos. Además, desconocen fronteras, tiempo y distancia. El único factor que asegura tranquilidad es la confianza.

 

La crisis del 2008, junto con la gran recesión del 2009, refleja el profundo dolor económico que estas crisis tienen sobre el empleo, el bienestar familiar, la economía cotidiana en general. El ajuste, el año pasado, en inversión extranjera, fue brutal: más de 40 por ciento. El desplome de la actividad económica sufrió un destino similar.

Sin embargo, contrario a otros episodios, esta crisis fue más un producto del exterior, que un error interno. La poca flexibilidad de ciertas áreas de nuestra economía, junto con la ausencia de reformas que faciliten la productividad, significó la falta de mecanismo de defensa adecuado. Por otro lado, el perfil de deuda pública, hasta el moderado equilibrio fiscal, junto con políticas macroeconómicas (relativamente) prudentes, mitigaron el golpe. Pero el resultado final fue terrible.

 

Se hizo todo, o casi todo, para evitar caídas de esta naturaleza. Pero la combinación de la crisis mundial, la caída de la actividad al norte de la frontera, la falsa imagen del país como un antirrégimen de "Estado fallido", además el impacto de la influenza AH1N1, generaron uno de los episodios económicos más complicados de la historia moderna del país.

 

Lawrence Summers, en una reflexión sobre la crisis de 1994, propuso la idea que, dada la movilidad de capitales globales, un ingreso de capital extranjero debería ser tratado como un episodio temporal, mientras que una salida de capital debería de interpretarse como un episodio permanente. Ésta es una referencia valiosa para la formación de la política económica, y el reto, aparentemente permanente, de cambiar el destino de las crisis financieras en nuestra economía.

 

• Crisis / Economía internacional

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