Foro libre
Feb 22, 2010
Edgar Piña

Educación y mercado: mundos ajenos

Por muchos, muchísimos años he leído artículos y escuchado comentarios, opiniones y disertaciones sobre la desvinculación entre las empresas y el sistema de educación superior, entiéndase universidades, tecnológicos, colegios y centros de investigación.

Por muchos, muchísimos años he leído artículos y escuchado comentarios, opiniones y disertaciones sobre la desvinculación entre las empresas y el sistema de educación superior, entiéndase universidades, tecnológicos, colegios y centros de investigación.

 

El tema, la discusión, las opiniones y propuestas, en la casi totalidad de los casos, siempre quedan en ese espacio indefinible, inasible, brumoso en el que se guardan los asuntos complicados de nuestra asombrosa realidad mexicana.

 

Entre los múltiples razonamientos, explicaciones y argumentos que he tenido oportunidad de conocer, no se encuentra uno que en lo personal considero de una importancia mayúscula y que se refiere al manto ideológico que cobija a la mayoría de las universidades, principalmente las públicas, y a los  centros de investigación de nuestro país.

 

Esta cobija ideológica que cubre al sistema educativo nacional y que aísla la docencia y la investigación científica y tecnológica del sector productivo al cual debería de estar sirviendo, es, como seguramente usted ya lo adivinó, ese curioso entramado de ideas, dogmas, doctrinas, mitos, credos, etiquetas y lugares comunes que caracterizan la “filosofía” política de la gran mayoría de los docentes e investigadores mexicanos, principalmente los pertenecientes al campo de las ciencias sociales y humanísticas.

 

No crea el lector que me ha faltado cautela para decidirme a lanzar esta hipótesis. Al contrario, he venido explorando el argumento por muchos años y cada vez que leo un artículo de opinión o escucho de pasada la clase de un profesor de economía, métodos de investigación o administración, lo mismo que cuando oigo con atención las palabras de un posgraduado en lo que usted quiera, casi siempre el mensaje tiene que ver con alguno de la larga lista de credos que singularizan a la clase pensante de Latinoamérica.

 

A manera de ejemplos, a continuación menciono algunos de los clichés que ahondan en el ya avanzado siglo XXI, la zanja que separa a las empresas de las universidades y centros de investigación.

 

·         El capitalismo y el libre mercado son los causantes de la pobreza, la desigualdad y el subdesarrollo.

·         La marginación y el atraso de nuestra economía encuentran su explicación en las políticas de gasto público impuestas por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Consenso de Washington.

·         México no puede competir en los mercados internacionales por causa del neoliberalismo, la globalización y la Organización Mundial de Comercio.

·         El sector primario de la economía mexicana no podrá superar su abandono mientras el gobierno no aplique políticas públicas que aseguren créditos abundantes y baratos, promuevan la refinanciación y la condonación de deudas y que  garanticen la comercialización de los productos a precios justos y atractivos para los productores.

·         Los productos primarios de nuestro país, lo mismo que las manufacturas de todo tipo, no podrán ser competitivas en el exterior, mientras el gobierno no asegure subsidios atractivos a los agricultores y pequeños empresarios y se oponga, al mismo tiempo, a los cuantiosos subsidios que reciben sus contrapartes en los países ricos.

·         El proteccionismo de todo tipo, las barreras sanitarias a la importación y las gloriosas clausulas de salvaguardia son lo mejor que le puede ocurrir a los productores nacionalistas y patriotas que tienen que enfrentar la desleal competencia de los países avanzados.

 

 

Con estos credos, incuestionables y sagrados, la academia y la investigación autóctona y autónoma, pasa de un siglo a otro, imperturbable, solvente, próspera y “aburguesada”, pero eso sí, siempre al lado de los que menos tienen, defendiendo a los pobres, abanderando al pueblo que los mantiene.

 

Para algún momento lejano en el futuro las universidades públicas y algunas privadas y los centros e institutos de investigación, están dejando las tareas de identificar y enfrentar los retos internos, los enemigos en casa, que son la ineficiencia, la falta de innovación, la ausencia de ahorro y productividad, el estilo “mexicano” de hacer negocios, la propensión al contratismo, el monopolio y la concesión.

 



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